[ES] Si Hulk fuese vegano y no se metiese esteroides, dasayunaría esto por las mañanas… (16:00 15/02/2017)

Desayunar me produce placer. Muchas veces me meto en la cama y solo la idea de saber que voy a desayunar a la mañana siguiente me hace feliz. Las madres y Arguiñano siempre dicen que el desayuno es la parte más importante del día. No se si será la más importante, pero desde luego importante… es.

A lo largo de mi vida he desayunado varias cosas. En los orígenes temporales, teta. Luego en primaria desayunaba lentejas, croquetas, alubias, filetes e incluso pollo frito. Muy enfermo todo, pero es que en el cole me dejaba la comida (sin comer), de modo que la madre nos hacía desayunar la comida y comer el desayuno. Cuando ya empecé a dominar mi propia vida tuve una época de prepararme el desayuno la noche de antes. Cogía una taza gigante, le metía una capa de cola cao, luego cereales corn flakes de esos gordos, más colacao y luego leche. A la mañana siguiente eso parecía un triturado de cerebro hipercalórico, pero estaba muy rico. Eso sí, mucho azúcar. Demasiado. También tuve una época de tomar solo fruta, cuando me trastorné con la alimentación y contaba las calorías de todo. Pesaba la fruta, la leche, los cereales y lo que fuese, y mis desayunos no tenían jamás mas de 300 kcal, una cifra absurda que habría mencionado alguien a quien yo habría oído hablar por la radio o en la tele. Esos tiempos ya pasaron, gracias a Dios mi. Luego vinieron mañanas de pan con tomate, y finalmente las tortitas.

Nunca en mi vida había hecho tortitas. Al menos, no me había esforzado tanto en hacerlas bien hasta que me fuí a estudiar a Malta. En la primera casa en la que estuve viviendo, la del americano loco, hacía todos los domingos desayunos para todos (los del edificio). Miles de tortitas, huevos escalfados y otros experimentos. Algunas veces el desayuno daba un poco de pena, pero la intención era buena. Luego aprendí a hacer tortitas esponjosas como el afro de un negro.

Un día cambió mi dieta y dejé de consumir ciertas cosas, entre ellas los lácteos y (salvo excepciones como los huevos fritos con patatas de los jueves) huevos. Sin leche ni huevos puede parecer difícil hacer tortitas. Pronto descubriría que no lo es tanto. Hoy os traigo mi receta de tortitas de casi todas las mañanas. La de hoy lleva fresas, pero a veces lleva plátano. Otras solo frutos secos, o mermelada casera de calabaza, o miel, o  chorizo con pimientos. Aquí va la receta…

INGREDIENTES

  1. Harina de avena (hecha por mi)
  2. Gofio
  3. Harina de arroz
  4. Mezcla de semillas (girasol, calabaza, chia, lino y sésamo)
  5. Semillas de cáñamo
  6. Soja y quinoa germinada (en casa)
  7. Pulpa de avellanas y dátiles (los restos de hacer leche de avellanas)
  8. Bicarbonato sódico
  9. Leche de avellanas (un puñado de avellanas, 4 dátiles y 1 L de agua)
  10. Aceite de oliva para la sartén

A mi me mola hacerme mi propia leche vegetal. Al principio usaba una batidora y luego trataba de colarlo con un colador fino, pero como no había coladores suficientemente finos acabé probando a usar una camiseta. Funciona mejor, pero el regusto a detergente no es un buen añadido. Hasta que un buen día me regalaron el mejor regalo del mundo… CHUFAMIX!!!!!!! No es coña, realmente le han puesto ese nombre. https://www.planetahuerto.es/venta-chufamix_03824

No creo haber hecho publicidad de nada antes, pero esto es que sale de mi ser. El invento es la hostia, funciona super bien, es muy sencillo… y Made in Spain, como debe ser joder!! Que no se diga que solo sabemos añadirle palos a las cosas.

Hacer leche con el chufamix es super sencillo. Te permite saber exáctamente que lleva la leche, y encima luego puedes usar los restos de pulpa para… tortitas!

Por cierto, antes de que se me olvide, las proporciones dan un poco igual en esta receta. Igual que los tipos de harina. Lo mejor es ir probando. Si hechas poca harina y muchas semillas, se te rompe la tortita (porque no lleva huevo!). Y lo mismo con las proporciones de harinas. Hay harinas finas y otras más gruesas. Las finas hacen de pegamento. Si hay más gruesas que finas, se te rompe. Si hay mas finas que gruesas, te sale un bloque de hormigón. Y si te pasas de bicarbonato te sabrá a detergente. Asi que no te pases.

El siguiente paso es el más difícil: lo metes todo en bol o recipiente, le añades leche y vas mezclando. Mezcla como un cerdo radical. Que no quede nada sin mezclar. Tienes que conseguir una textura ni muy líquida, ni muy sólida. No se como explicarlo de otra forma sin tenerte delante, así que tendrás que ir probando. Tendrá esta pinta…

Luego las haces en una sartén. Yo le pongo un poquito de aceite a la sartén antes de la primera tortita, pero el resto las hago sin aceite. Una vez que las tengas, las puedes acompañar de lo que te de la gana. Yo como sabía que les iba a hacer fotos las he puesto ‘bonitas’, acompañadas de fresas cortadas como gusanos retorcidos, pero la mejor combinación es con nueces, pipas de calabaza, fresa y plátano.


Con esto cada mañana, es difícil no ser feliz como un centollo.

 

Amar en tiempos de Tinder. Visión, misión y perspectivas de futuro (ES 16:55 18/01/2017)

Aaaaay el Tinder. Revolución sexual, social y emocional, todo en una app. De esto quiero hablar hoy. Pero no voy a hablar desde fuera, manteniendo una posición crítica de distancia y superioridad. No no. Quiero hablar desde dentro, y como siempre, metiendo mi historia fangosa de por medio. Porque yo… sí he usado Tinder.

(Nota: este post empecé a escribirlo hace una semana. Por aquel entonces, aún utilizaba la app, y la frase anterior se leía: “Porque yo… sí uso Tinder”. Hoy, la he borrado. La aplicación, no la frase. Bueno, la frase también. Ya me entendéis! En mi cerebro, es como si hubiese culminado mi experimento. Como si de repente no me produjese ningún interés. Creo que ya me he aburrido de ella.)

Decir que usas Tinder es un poco tabú a día de hoy. Nadie habla de ello de primeras, y la gente se avergüenza si se ve en la obligación de admitir que lo usa. Lo paradójico, sin embargo, es que muchos de nosotros/vosotros/ellos/ellas lo tienen instalado/a en el móvil/a. ¿Sabéis como lo se? Pues porque hay una opción en el facebook que te permite ver quién de tus amigos/as usa Tinder. Si si, lo que he dicho. Mucho dicen que Tinder no publica en tu nombre, pero nadie se lee la letra pequeña…

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También lo se porque me encanta sacar el tema cuando estoy con gente, y en el momento en el que yo digo que uso Tinder, todo el mundo empieza a hablar de su experiencia en la aplicación. Ahí es cuando se pone interesante.

Yo he tenido tres momentos en mi vida de usar Tinder. Tinder, por cierto, significa yesca o material inflamable. De ahí el logo…

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Eso, o el logo es una forma poco discreta de avisarte de que en eso se van a convertir tus genitales como no tengas cuidado usando la app. Pero, para los que no lo sepáis, Tinder también es una aplicación que te permite ‘conectar’ con personas cercanas a tí. Una vez que conectas con ellas, puedes convertir esa conexión en lo que a tí (y la otra persona) os dé la gana. Para conectar, lo único que tienes que hacer es desplazar el perfil de la persona (fotos + descripción) a la derecha de tu pantalla. Los perfiles se ven así…

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Si esa persona hace lo mismo con tu perfil, se crea la magia potagia y se abre un canal para que los dos converséis.Y aquí es donde empieza lo jodido… pero volvamos atrás que me he ido, como siempre…

Yo he usado Tinder tres veces (o en tres periodos distintos de mi vida, más bien). La primera vez fue por curiosidad máxima, nada más salir la aplicación. Si si, el Tinder es una herramienta superficial, fría e inhumana del demonio (si tú la conviertes en ello), pero soy un ser curioso. Recuerdo que, por aquel entonces, podías darle ‘likes/me gustas’ a todas sin límite (no como ahora). A mi me parecía la mejor estrategia sin duda alguna; así te aseguras las posibilidades de echar pinchitos al máximo. Qué iluso. Al poco me aburrí de no encontrar a nadie interesante (mentira!! A veces escribo basura que no me la creo ni yo. Me aburrí de no obtener la aceptación desmesurada que buscaba, ni elogios a mi corte de pelo moderno, ni sexo rápido) y lo desinstalé.

Segundo intento… En éste me dio por experimentar al máximo jaja. Me río yo solo porque se lo que viene. Como ya no tenía smartphone, me puse el Tinder en el ordenador, y descubrí que podía cambiar mi posición GPS y aparecer en cualquier lugar del mundo (eso implica que las personas que me van a aparecer en la aplicación serán las que se encuentren -falsamente – cerca de mi). Y ¿qué hice? Pues intentar descubrir el país del mundo en el que más atrajese a las mujeres, para luego viajar allí claro! Así estaba de desesperado jajaja. Lo que hacen las hormonas…

(Nota: Al final del post os cuento en qué país tengo más éxito superficial :p )

Tercer intento… y último. A la tercera va la vencida ¿no? Más o menos, todo depende del objetivo prefijado… Lo que está muy claro es que esta vez ha sido diferente. Diferente porque el grado de conocimiento que tengo sobre mi mismo, sobre mis emociones, mis gustos y mis apetencias, ha aumentado mucho en los últimos meses. No es lo mismo meterse a usar una aplicación de citas online sin tener ningún criterio, buscando todo, queriendo todo, desesperado por obtener aceptación por cualquier lado sin importar quién te acepte, que ir con una serie de filtros por delante. Ir sabiendo que no le vas a gustar a todo el mundo, que no le tienes que gustar a todo el mundo, que no le puedes gustar a todo el mundo, y que no pasa nada, porque no todo el mundo te va a gustar a ti tampoco.

En Tinder solo hay gente superficial que busca follar y ya. Una shit licue de cabra strange, como diría mi primo. En Tinder me he encontrado de todo, desde chicas que no ponen mas que fotos de selfies poniendo morritos y enseñando escote (eso si, dejando muy clarito que solo quieren tener conversaciones profundas con gente interesante…), hasta chicas que están viajando por el país y quieren hacer amigos, o chicas que buscan el amor de su vida (que no mida menos de 1.80m por favor, que los demás son unos pedazos de escoria despojos de la humanidad que no merecen ni que se les dirija la palabra). Buah que de mala hostia me pone la discriminación por alturas. Me imagino que hay muchos tíos que hacen lo mismo o peor en Tinder (shame on them!), pero yo solo veo las tias y esos comentarios me sacan la vena psicópata. En fin. En Tinder también hay chicas que parecen muy normales, pero que luego son bordes como ellas solas, y chicas aparentemente vacías que luego te sorprenden con un mundo interior de lo más interesante. Y es que, ¿que hostias va a haber en una app a la que se une tanta gente, si no la misma diversidad de seres humanos que hay en la vida real?

Hay un pobema, chicos y chicas. Y ya es tan tarde en la noche que se me estan quitando los filtros cerebrales y puedo empezar a escribir barbaridades. La tecnología es como un vomitado de cigueña sólido, convertido en helado, metido por la napia de un rinoceronte, y vomitado de nuevo. Los seres humanos no estamos hechos para comunicarnos así. E igual que yo pierdo filtros cuando se hace muy tarde y me entra el sueño, la gente pierde filtros cuando está detrás de una pantalla. Y la gente hace daño. Y dice cosas ofensivas. O simplemente pasa de todo. Y luego se siente frustrada. Y se deprime. Y deprime a los demás.

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Imaginate esto: Suena tu movil y se te notifica de que tienes un nuevo me gusta. Máxima emoción, quién será quién será! Ermenegilda. Pues muy bien. Le escribes. “Hola Ermenegilda, que tal?” Carita feliz. Jamás hay respuesta. Fuck! Una semana después… otro me gusta. Petra. Aquí te pones ingenioso… primero la carita feliz, y luego el que tal. Responde!! Hola. Bien y tu? Pues bien, aquí bla bla bla. Tú que haces? Jamas responde. Fuck, doble fuck!! Al mes te percatas de que muchas tias en su perfil ponen: no respondo a “hola, que tal?”… What?!? Que clase de bordería es esa? Entonces que empiezo, con un chiste? Te cuento un poema? Algo ingenioso? Y tú que? Porqué tengo que ser yo el que hable primero? Qué clase de reglas implícitas hay en este juego? Si tu y  yo nos conocemos en persona, y al presentarme ves que no te gustan mis cejas (por ejemplo), o que no te apetece mucho contarme a qué te dedicas… me dejarías ahí, te darías la vuelta y te irías sin más?

Una de las cosas que más me han sorprendido del Tinder es la facilidad con la que se deshumaniza a las personas. Pero no porque la aplicación te obligue a ello, NO! Pero te facilita la opción. Las relaciones interpersonales requieren esfuerzo. Requieren esfuerzo para florecer, y para mantenerse en flor. Ese esfuerzo se percibe por ejemplo en momentos de silencios incómodos, nerviosismo o enfado. Son situaciones que requieren algo de trabajo para ser superadas y dar paso a relaciones ‘reales’. Pero ese esfuerzo no parece darse con demasiada frecuencia en el mundo virtual. Total, puedes bloquear a la persona o apagar el movil y te la suda. No le tienes que mirar a la cara. ¿Me equivoco? Pues sí me equivoco; hay veces que la vida no nos da para más, o somos muy despistados y tenemos ocho mil mensajes a los que responder, y aunque queramos responder, se nos pasa. La tecnología nos conecta por encima de nuestra capacidad de gestión de relaciones (creo yo), y por un lado o por otro, la acabamos liando…

Igual es que soy muy sensible, o excesivamente considerado, o estoy como una cebolla (100% ido de la olla), pero a mi esta forma de hacer las cosas no me parece correcta. ¿Sabéis cual es el problema de nuestra sociedad? Bueno, hay muchos, pero uno que se refleja aquí es que cada vez tenemos menos tiempo para vivir (porque estamos consumidos haciendo aquello que nos llena los bolsillos y nos vacía el alma), y echamos de menos sentir cariño. Pero ya no sabemos cómo ni donde encontrarlo, o estamos demasiado cansados y/o asustados para salir a buscarlo, y lo intentamos hacer desde el sillón, o el báter, o la cama o el trabajo. A través del móvil. Y ni siquiera ahí invertimos el esfuerzo necesario para establecer buenas conexiones humanas. Porque no podemos. O no queremos.

Es muy tarde, y no se qué digo. El Tinder es solo una aplicación. No es buena ni mala, porque es lo que los usuarios quieran hacer de ella, y estos no son ni buenos ni malos. Pero nos falta tanta educación emocional y tanto conocimiento sobre el gestión de las ‘relaciones virtuales’, que muy poca gente lo hace bien (bien, como yo entiendo bien, que puedo estar equivocado). Y ojo, que digo esto pese a que a mi el Tinder precisamente me ha ayudado a crecer personalmente, por raro que parezca. No respecto a echar pinchitos, sino a aceptar el rechazo (porque el Tinder es una máquina de rechazo continuo, y o lo superas o te hundes). Y a entender que yo también puedo rechazar, que tengo derecho a poner mis propios filtros (y que debo hacerlo!), y que soy una persona que también elige además de ser elegida.

Voy a concluir, porque es muy tarde, mi cerebro está líquido y no se cuantas gilipolleces estoy diciendo por párrafo: El Tinder es una plataforma online que facilita la creación de conexiones entre personas que quizás si o quizás no se hubieran conocido en persona de no haberse encontrado por ahí. Es una herramienta, y como toda herramienta, puede usarse bien y puede usarse mal, al igual que puede usarse para hacer el bien o para hacer el mal (conceptos distintos). En ella hay gente de todo tipo, maravillosa y no tan maravillosa. Gente con todo tipo de intenciones. Dado que somos (en general) pésimos comunicadores emocionales, y que la tecnología facilita el pasotismo y dificulta la empatía (frente a la interacción física), el Tinder se acaba usando de muy mala manera, y… en mi humilde opinión… no creo que jamás pueda ni deba sustituir al modo tradicional de buscar pareja. Hay casos de éxito, si. Pero son la excepción, no la norma. Ahora bien, si la herramienta recibiese un uso mucho más humano, y generase tanta confianza como para impulsar a las personas a pasar del plano virtual al físico con más rapidez, entonces creo que podría ser una herramienta muy potente para sacar a las personas fuera de casa. Hasta que eso ocurra, creo que es solo una excusa para quedarnos en nuestra zona de confort. Y por esto, creo que me la he borrado. Por último, solo deciros que es en México donde tengo más éxito superficial, en China donde menos, y que lo que he puesto del facebook revelando si usas tinder es una trola photoshoppeada que he colado porque me ha dado la gana.

Vivan los jabalís berrugosos.

 

[ES] Cómo hacer Gnocchi con Tagliatella de Calabacín como una abuela italiana hipster rabiosa, y que te queden de pm! (SIN GLUTEN) (12:35 17/12/2016)

Ser vegetariano o vegano, o intolerante al gluten, o alérgico al huevo, los frutos secos, la leche o las gilipolleces no le hace la vida más fácil a nadie. Yo desde que dejé de consumir carne y pescado he tenido que aprender mucho sobre cocina, sobre todo porque hago mucho deporte y si no me nutro adecuadamente me quedo como una gamba deshidratada. No me quejo del esfuerzo que ha requerido el aprendizaje, porque me encanta cocinar, pero entiendo que no todo el mundo tiene 4 horas al día para estar entre cuchillos y sartenes. Yo por el momento, parece que sí.

La receta que os traigo hoy se me ocurrió mientras estaba en modo improvisación absoluta en la cocina. Cuando tienes ingredientes limitados, como ocurre si consumes solo productos locales, y cuando encima te limitas tú excluyendo carnes y pescados, es muy difícil evitar comer pasta con tomate todos los días. De modo que os invito a tratar de ser un poco más hipsters y convertir algo sencillo en una absurda pijotada sofisticada que, en realidad, está bastante buena ;). Ahí vamos…

INGREDIENTES (Para los Gnocchi)

  • 200gr de patata
  • 50gr de harina sin gluten (marca Schaar)
  • 1 yema de huevo (del 0, como sean del 3 te arranco la cabeza!)
  • 1 pizca de sal
  • 1 pizca de nuez moscada

INGREDIENTES (Para los Tagliatella)

  • 1 calabacín grande como un bate de béisbol
  • Sal, pimienta y aceite de oliva

ELABORACIÓN (Gnocchi)

Ponemos todos los ingredientes sobre la mesa en disposición estéticamente bella y prácticamente absurda, y le hacemos una foto. Es importante perder mucho tiempo en esto y llenar la cámara de harina.

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Lo primero que debemos hacer es hervir 200 gr de patata. Lo mejor es si encuentras una patata que pesa 200 gramos. Yo la eché en una cazuela con bien de agua y me lo olvidé 40 minutos porque me puse a ver una serie, pero no tenéis porque seguir mi ejemplo tan estrictamente, a menos que queráis incendiar la cocina. Lo importante es que la patata se haga bien (con piel y todo eh!), para lo cual tardará un rato.

Una vez cocida, la dejáis que se enfríe. Posteriormente la peláis y la hacéis trocitos con un tenedor, o la reventáis a puñetazos y cabezazos contra la mesa. Llegados a este punto, podéis mezclar la patata con la yema de huevo, luego la sal, nuez moscada, y por último la harina, y amasáis como si estuvieseis tratando de ablandar la espalda de un rinoceronte. Hay que conseguir una bola como esta…

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Yo tuve que limpiar la mesa porque se había quedado masa pegada y no podía trabajar. Si os pasa, limpiarla y luego espolvoreáis harina por encima de la mesa para que no se vuelva a pegar. Lo mismo con vuestras manos.

A continuación vamos a cortar la masa en porciones similares y a hacer choricillos del grosor de un dedo. Como veis, las medidas son muy importantes aquí. Hay que ser exactos.

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Una vez rodados los choricillos de masa, los cortamos en pequeños cilindros de 2 cm de largo mas o menos. Lo siguiente es importante para que queden rollo hipster. Buscaros una superficie con líneas y surcos, y apretando suavemente con un dedo les vais dando textura. No os preocupéis porque los primeros os van a quedar como el vomitado de un murcielago, pero se le va cogiendo el truco.

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Por último los echamos a una cazuela con agua y sal y los hervimos hasta que floten. Tardan MUY POCO en hacerse, menos de dos minutos. En cuanto flotan, los sacáis. Yo los pasé por agua fría nada más sacarlos para que no se pegasen unos a otros, y los dejé con un poco de aceite de oliva.

Aún queda un paso con los Gnocchi para que queden de pm, pero de momento los vamos a reservar. Vamos con los falsos fideos tagliatella…

ELABORACIÓN (Para los Tagliatella)

Esta forma de hacer el calabacín es la hostia. Primero cogemos el calabacín como si fuese un cuchillo y, con un pelador PLANO (no curvo), vamos pelando todo el rato en el mismo ángulo. Se trata de sacar filetes finos de calabacín. No vayáis rotando el calabacín. Id sacando filetes hasta llegar a las semillas, no más o se os quedarán flemosos los fideos.

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Luego, reconstruís el calabacín como en la foto de arriba y con un cuchillo muy afilado vais cortando tiras de la anchura que os dé la puta gana. Os quedará algo así…

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Luego echáis un poco de aceite de oliva sin pervertir extra en una sartén a fuego medio/alto y los freís un poquito. Echadles sal y pimienta que si no no saben a nada. Por poder se pueden tomar en crudo (con aceite de oliva y pimentón quedan dabuten), pero así sofritos están muy ricos. Ah, y si el ajo no os jode el estómago como a mí, pues echadle ajo que estará muy rico.

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Vale, ¡ya casi estamos! Ahora hay que ser rápidos de cojones o se te queda todo frío (aunque se te va a quedar frío igual por perder el tiempo haciéndole fotos a la comida como un hipster obseso de Instagram).

En la misma sartén donde hemos hecho los fideos (pero sin los fideos dentro) echamos un chorro de aceite y cuando esté bien caliente echamos con furia los Gnocchi. No dejéis de moverlo ni un segundo o se os pegan y jodéis todo el plato. Echadle orégano también. Una vez que estén un poco dorados (pero super poquito), los sacáis y emplatáis. Yo no lo hice porque no tenía nueces, pero si tenéis nueces, mezclarlas con los Gnocchi en la sartén para un buen toque proteico y crujiente. Los contrastes de texturas harán que tu paladar goce. Y VOILÁ!!!

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[ES] Sobre las rayas de mi limón (12:39 28/11/2016)

Aquí va un post sobre mi puta cabeza. Empieza fuerte, y seguro que acaba fuerte también. Es lo que me sale ahora mismo, así que voy a dejarlo salir.

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Es frustrante estar en mi cabeza. Hay días que más, y días que menos. Últimamente me he estado produciendo muchísima ansiedad a mi mismo. Joder, no entiendo porque no puedo apagar mi cerebro ni un puto segundo y respirar. Yo hago analogías para entender las cosas, o para explicárselas a otros. Y tengo una que ilustra muy bien cómo funciono por dentro… Imaginad un ordenador. Ahora imaginad que lo único que queréis hacer en el ordenador es escribir un documento de Word. Muy fácil no? Abres el Word y fuera. Pues no es tan fácil, porque a tu ordenador le ha entrado un virus que provoca que todas las aplicaciones que tengas instaladas estén continuamente funcionando en paralelo. Es decir, que tu enciendes el Word, pero tu pantalla se llena de otras aplicaciones que no solo te impiden ver bien lo que haces en el Word, sino que ralentizan y colapsan el funcionamiento general del ordenador. Al final acabas desesperado porque no puedes trabajar, ni concentrarte, ni cerrar las aplicaciones que no dejan de abrirse, porque así de gilipollas es este virus. Y piensas… con todo el potencial que tiene este ordenador (dado que es capaz de correr todas las aplicaciones en paralelo), ¿no sería maravilloso si lo invirtiera todo en correr las aplicaciones de una en una?

Pues así es como creo que funciona mi cabeza. La gran diferencia es que ese virus no existe, sino que es parte de mi, algo que (intuyo) se ha desarrollado como un falso mecanismo de defensa. Algo con ‘intenciones puras y bondadosas’, algo casi paternal que cree cuidar de mi bienestar, pero que viene movido por el miedo, y que por tanto se equivoca en las formas – y seguramente en gran parte del contenido.

Inciso: cuando leo lo que escribo me dan arcadas mentales. Me enfada mucho ser esta persona y siempre tener estos pensamientos rondando mi cabeza. Que pesado soy joder. Me gustaría no ser ‘un rayao’, pero no puedo. Al menos de momento. Igual es esto precisamente lo que tengo que hacer para salir de mis dinámicas, verme reflejado en el texto y tomarmelo como un bofetón en la cara para despejarme y seguir avanzando. No se…

Me gusta el término ‘overthink’. No tenemos nada igual en Castellano, más que ser un rayado, pero ese término suena muy cutre y poco técnico. Overthink es básicamente pensar demasiado. ¿Por qué pensamos demasiado algunas personas? ¿Habéis visto el capítulo de Black Mirror en el cual la gente lleva un implante en el cerebro que les permite grabar toda su vida y volver a verla en una pantalla? En ese capítulo el protagonista empieza yendo a una entrevista de trabajo. Al salir, se dedica a rebobinar y comprobar obsesivamente la reacción de cada uno de los entrevistadores, y cada una de las veces que lo hace se ‘raya’ más tratando de interpretar lo que los demás estaban pensando de él. En cierto modo es normal que el tío se obsesione un poco, porque quiere/necesita el trabajo y TEME que no se lo den. Necesita asegurarse de que los entrevistadores le han percibido de forma positiva para sentirse más seguro. Pero por mucho que interprete, nunca dejarán de ser eso… interpretaciones suyas; interpretaciones basadas en su propia forma de ver el mundo y reaccionar a él. No son extrapolables. Pueden ser orientativas, pero nada más.

Aquí se puede incluir un factor muy curioso que altera completamente el resultado final de la ecuación: si el tío es muy positivo/optimista (tiene una concecepción elevada de sí mismo), va a darle el tono más positivo posible a su interpretación. Es decir, si un entrevistador se ha reído tras una respuesta que dió en cierto momento de la entrevista, al reflexionar sobre ello va a pensar que es porque le ha parecido gracioso y le ha caído muy bien. En cambio, si el tío es muy negativo, frente al mismo hecho va a reaccionar de forma totalmente opuesta; pensando que el otro se ha reído de él (que no con él) porque cree que es un idiota. También podría interpretar que el entrevistador se ha reido porque piensa que tiene voz de pito, o porque gesticula de forma muy rara, o porque… Ya me entendéis.

En mi propia ecuación mental está tanto el pensar demasiado como el ser extremadamente negativo en cuanto a mis interpretaciones (cuando estas recaen sobre mí). El resultado es que en mi cabeza se crea una historia – ficticia porque está creada a partir de mis propias interpretaciones – y extremadamente pesimista porque está modulada por la visión tan negativa/crítica que tengo de mi mismo. Lo jodido es que yo me cuento este tipo de historias todo el dia, historia tras historia, y baso mis decisiones y acciones en ellas. Igual este post no es más que eso, otra historia irrealmente negativa de mi mismo…

Ahora es distinto (a hace tiempo), porque soy consciente de ello, y trato de pararme y ver que historia me estoy contando a mi mismo cuando me viene un pensamiento malo, pero de lo que me doy cuenta también es que no soy plenamente consciente de algunas de las historias que me cuento, ni de la enorme cantidad de historias que me puedo haber contado en un solo día.

Mucho de esto se puede ver probablemente en mi forma de escribir. Seguramente hable de mí mismo de una forma mucho más negativa de la que se me percibe desde fuera. ¿Será suficiente con empezar a contarme historias diferentes, aunque no me las crea del todo, para empezar a cambiar la forma en la que me concibo a mí mismo? Suena a ‘cliché’ de película americana, pero yo que sé jaja. Bueno, creía que iba a terminar el post muy enfadando y diciendo palabrotas, pero me encuentro mejor.

Como hacer una tarta de calabaza SIN GLUTEN, y por qué debemos conocer más sobre lo que consumimos (14:23 27/10/2016)

Es época de disfraces, de sangre, de cerebros explotados y de calabazas. Solo con las últimas se puede hacer uno de los postres que más me gustan en el mundo, la tarta de calabaza o ‘pumkin pie’. Lo digo en inglés porque la receta original, o al menos la que me es familiar a mí, es la que proviene de los Estados Unidos. Esta tarta me gusta tanto, que una de las primeras cosas que hice cuando viajé a Carolina del Norte hace 4 años fue comprar una lata de ‘pumkin pie filling’ y comérmela a cucharadas (no sin antes rajarme el pulgar casi hasta el tendón por la prisa de abrir la lata con la mano).

Me apasiona cocinar. Lo compararía con el deporte, pero van en categorías distintas. Cocinar me trae paz interna, me nutre y me calma, y además me encanta estar rodeado de cuchillos afilados jaja. Comencé a interesarme por la cocina tras decidir que necesitaba aprender a cómo estar bien nutrido, y desde hace años que experimento 3-4 horas/día en la cocina, unas veces con más y otras con menos acierto. El caso es que había un par de calabazas gigantes en mi casa y, en vez de hacer una tarta y gozarla solo en familia, he pensado que podría convertirlo en un post en el cual no solo os enseño a como hacerla, sino que retomo un poco la fotografía y aprovecho para ir tratando el tema de tener criterio (ecológico) a la hora de elegir los ingredientes. Es la primera vez que me aventuro a contar una receta de este modo, así que piedad, y críticas constructivas que así puedo mejorar para la siguiente ;).

INGREDIENTES (para el ¿cuerpo?)

  • 500 gramos de calabaza sin piel ni pepitas
  • 3 huevos
  • 100 gramos de azúcar (mejor integral o panela)
  • 30 gramos de harina de maíz (fina tipo Maizena)
  • 2 cucharaditas de canela molida
  • 1/2 cucharadita de jengibre molido
  • 1/4 cucharadita de nuez moscada molida
  • 1/4 cucharadita de clavo
  • 1/8 cucharadita de pimienta
  • 240 gramos de crema de coco (o 100gr leche condensada + 100gr leche evaporada)
  • 60ml leche (de vaca, soja, coco, cigüeña o lo que tu quieras)
  • 1 pellizco de sal (muy importante!)

INGREDIENTES (para la base)

  • 400 gramos de galletas sin gluten
  • 140 gramos de mantequilla/margarina (aprox.)

ELABORACIÓN

Yo a la hora de cocinar no le hago mucho caso a las cantidades. No es que vaya a echar 10 cucharadas de pimienta si pone 1/8 de cucharadita, sino que me oriento mucho por la consistencia de la combinación de ingredientes. Por eso aviso desde ya que no os obsesionéis con la precisión, porque vais a tener que ajustar seguro. Ya lo iremos viendo. Lo primero la calabaza!

La calabaza mola. Es alta en fibra, beta-carotenos y antioxidantes. Además es naraja y la puedes vaciar y convertir en lampara. Aquí dejo unas tablas con información nutricional de la calabaza, por si mi descripción no es suficientemente rigurosa…

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(Fuente: http://www.natursan.net/calabaza-propiedades-y-beneficios/)

Chic@s, no es lo mismo comprar una calabaza cortada y envasada al vacío, que una entera. Igual que también hay diferencia entre comprar una calabaza que venga de la huerta del vecino, a una que venga de Francia, o de Indochina. Igual todas saben igual – la de Indochina lo dudo, pero el impacto medioambiental de cada una (y el precio) van a variar (curiosamente de forma inversamente proporcional). Buscamos producción local antes que importación porque le ahorramos al medio todo el combustible implicado en transportar la calabaza. Buscamos calabaza entera antes que envasada porque le ahorramos al medio el combustible necesario para procesarla, el plástico que la envuelve, y a nosotros los conservantes que se le añade al producto. Y buscamos de producción ecológica antes que industrial porque le ahorramos al medio mucho estrés por las prácticas agrícolas involucradas y por la cantidad de pesticidas, herbicidas y fertilizantes sintéticos que se emplean, y nos ahorramos el daño que las trazas de esos químicos sintéticos que van en el producto nos hacen a nosotros al consumirlo. Estos daños son a largo plazo por cierto, por eso no parece que pase nada si te tomas una manzana de producción industrial.

Si analizáis las calabazas de este modo, es probable que observéis como la de producción ecológica y local es más cara que la industrial envasada que ha viajado medio mundo para llegar al super. Misterios de la vida (y subvenciones al imperio del petróleo). Pero tened en cuenta que, al comprar la local eco, estáis pagando por un valor añadido, que es el de dar empleo a tus vecinos y el de promover el respeto por nuestro entorno natural.

Bueno, pues la calabaza eco local (1) la cortamos en rodajas y luego la pelamos. Es más fácil hacerlo de este modo, si no pelarla es imposible. Una vez pelada y troceada, hay que pesar los 500 gramos y hervirla en abundante agua (no pasarse tampoco). Yo la he hervido durante 20 minutos, pero el tiempo variará en función de lo madura que esté la calabaza y del grosor de los trozos. Luego a escurrir, reservamos la calabaza y regamos las plantas con el agua sobrante.

A continuación, (2) mezclamos en un bol la calabaza, los huevos y el azúcar, y mezclamos bien.

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¡Inciso breve sobre los huevos!! Los huevos tienen un código. Es muy largo, pero solo nos interesa el primer dígito del código. Éste puede ser 0, 1, 2 o 3. Es muy importante fijarnos siempre en este primer dígito porque nos va a indicar cómo han sido criadas las gallinas que han puesto los huevos. Y nos fijamos en ellos porque, obviamente, nos importa cómo tratan a otros seres vivos, sean humanos o no, y queremos demostrarlo (aunque no siempre tengamos claro cómo). Esta tabla resume bien esto:

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Los mejores huevos (desde un punto de vista nutricional y ético) son los del ‘cero’. Por desgracia, son también los más caros, pero recordad que estamos pagando por un valor añadido, que puede que no se vea, pero que está ahí :).

Sigamos! Ahora (3) añadimos TODAS las especias (canela, jengibre, nuez moscada, clavo, pimienta y sal) y volvemos a mezclar vigorosamente hasta romper a sudar. Una vez homogeneizado, (4) añadimos los 60 gramos de leche y los 240 gramos de crema de coco. Yo he sido vago y le he pasado la minipimer, pero no es estrictamente necesario.

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Aquí me gustaría explicar una cosilla. Primero la leche. Hay mucho debate sobre lo bueno/malo de la leche, tanto para nosotros como para las vacas y para el medio. Ante nada, yo os animo a que investigueis el tema de forma crítica vosotros. Yo, personalmente, prefiero no tomar leche de vaca, ni de cabra ni de centollo. Mis motivos son:

  • Porque hay suficientes fuentes alternativas de calcio (la leche como fuente importante de calcio ha sido siempre el discurso estrella de la industria láctea, pero puedes obtener todo el calcio que necesitas y más de fuentes vegetales como los frutos secos).
  • Porque a muchas de las vacas se las tiene en condiciones pésimas, esclavizadas por el sistema (y nuestro ansia viva por los quesos, helados y yogures).
  • Porque el consumo de agua y pienso necesario para la producción de la leche es descomunal, y muchas veces implica la tala de bosques para conseguir suficientes recursos.
  • Porque hay leches de origen vegetal que se pueden hacer en casa y que están muy ricas (también).
  • Porque no quiero que me salgan tetas… es coña.

Ahora bien, si vais a elegir leche, la mejor es la fresca de vacas que pastan felizmente por Galicia.

En cuanto a la crema de coco, sería lo ideal si queréis que sea una versión casi vegana (no del todo porque hay huevos). Yo salí corriendo al super a buscar una lata de este tipo…

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Pero no había, así que opté (no sin 10 minutos de indecisión y conflicto interno) por comprar leche condensada y leche evaporada. Habiendo soltado todos los motivos por los cuales prefiero no consumir leche, tomar esta decisión puede parecer un tanto contradictorio. Los argumentos que iban fluyendo por mi cabeza eran, primero, que la crema de coco es vegetal y que por tanto no implica necesariamente sufrimiento animal (esto es relativo), a diferencia de la leche (esto es relativo también, en función de cómo se produce la leche). Segundo, que la crema de coco, en España no se produce. Viene de Tailandia o de CentroAmérica, y por tanto lleva una huella de carbono bastante elevada, algo que no lleva la leche de producción local. Al final opté por la leche condensada+evaporada porque no puedo estar todo el mmmm día debatiendo estos temas y no hacer otras cosas con mi vida.

Siguiendo con nuestro proceso, (5) vamos a fabricar nuestra base. Para ello trituramos los 400 gramos de galletas sin gluten, derretimos y vertemos la mantequilla/margarina/aceite de oliva, y mezclamos bien hasta que nos quede una pasta de consistencia uniforme. Esta la colocamos sobre una bandeja de horno redonda como la que muestro más abajo. Tratamos de que quede fina y que cubra la mayor superficie posible.

Horneamos la base en un horno precalentado a 190ºC durante 7-9 minutos. Dejamos enfriar.

Por último, vertemos nuestra mezcla de calabaza en la bandeja y horneamos 50-60 minutos a 190ºC. Procurad que no se os hagan demasiado los bordes de la tarta. Si veis que se queman, cubridlos con papel de plata. La consistencia en el centro debería ser algo inestable. Al enfriarse se volverá bastante más sólida. Y ¡voilá!!!

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Como diría mi primo Alejandro…. GOZAR, GOZAR Y GOZAR! 🙂

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NOTA: La receta original ha sido sacada de http://sallysbakingaddiction.com/2014/10/26/the-great-pumpkin-pie-recipe/. Yo me he tomado la libertad de modificarla a mi gusto, y al final no ha salido nada mal. Lleva considerablemente menos azúcar que la original, pero está igual de dabuten.

Sobre las historias que contamos del mundo, hipopótamos que explotan, y por qué no me gusta la palabra ‘sostenibilidad’ (12:29 17/10/2016)

Me estoy leyendo un libro muy interesante. Me parecía interesante antes de comprarlo, y me parece más interesante aún ahora que llevo casi la mitad del libro leído.
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Una de las primeras cosas que venía con muchas ganas de hacer tras mi viaje nomádico era la de comprarme 4 o 5 de los 32 libros que tengo pendientes de leerme en mi lista de favoritos de Amazon. No es por publicitar a Amazon, pero es que a través de ellos encuentro muchos libros de segunda mano, y encima permite hacer listas de favoritos, lo cual mola mucho. El libro que da chispa a mi tema de hoy se titula Thrivability: breaking through to a world that works ( escrito por Jean M. Russel, 2013, Ed. Triarchy Press), y os voy a hablar de él porque viene a cuento de una gran divagación filosófica/científica que llevo amasando en mi interior las últimas semanas. Empecemos por lo primero…

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Thrivability es una palabra que en Inglés suena culta y sofisticada, pero que no tiene traducción al Castellano, y me está rayando mucho. Lo más parecido, en mi opinión, serían los términos ‘florecimiento’ o ‘prosperabilidad’, el primero de los cuales es demasiado pomposo, y el segundo me lo he inventado porque no existe. En fin. El caso es que se dice que algo esta ‘thriving’ o prosperando, en relación al mundo natural, cuando no solo crece sino que se desarrolla en todas sus facetas, y promueve que el resto se desarrolle de igual forma. En mi cabeza es como una explosión de vida, colores e hipopótamos gordos. No se si os ayuda.

Pues bien, si ‘thrive’ es prosperar, ‘thrivability’ se refiere a una corriente de pensamiento o forma de ver el mundo que busca lograr que las acciones (que realizamos nosotros los humanos) tengan ese efecto exponencial de promover la vida. Para que podáis entender a qué carajos me refiero con esto, es necesario colocar este concepto en un marco teórico más claro, y para ello lo voy a comparar con otra corriente importante que todos conocéis porque se repite hasta aburrir: la sostenibilidad.

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La palabra sostenibilidad me aburre profundamente, y cada vez que tengo que pronunciarla en alto me da la sensación de que le apaga el cerebro a alguna de las personas que me está escuchando. Y no me extraña. Es como los productos bio. En cuanto las empresas ven que el término bio empieza a vender, todo es bio: bio-cereales, bio-chorizo y hasta bio-patinetes he visto. ¿Qué pasa? ¿Es que lo bio está mal? Pues no, pero su uso excesivo lleva a que se pierde la noción de lo que significa realmente. Se convierte en una tendencia y nadie sabe al final porqué fucks es importante comprar bio.

Como ya mencioné en uno de los primeros posts sobre sostenibilidad, el desarrollo sostenible se puede definir como “un desarrollo que permite cubrir las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de futuras generaciones de cumplir sus propias necesidades” (adaptado del inglés por mi, WCED, 1987, p. 43). En mi opinión, hay dos graves problema con el concepto de sostenibilidad, a parte de la pérdida de significado que ha sufrido a consecuencia de su uso excesivo e inapropiado, y estos son:

  1. Que, a efectos prácticos, se ha transmutado el significado de ‘desarrollo sostenible’ por el de ‘desarrollo sostenido’. Cambiar ‘ble’ por ‘do’ parece poca cosa, pero marca toda la diferencia. Mirad… cuando una empresa, ciudad, país o planeta se propone lograr un desarrollo sostenible, pone sus esfuerzos en modificar su actividad o actividades para que no rompan esa premisa de no comprometer que generaciones futuras puedan satisfacer sus propias necesidades. Es decir, se proponen lograr cierta armonía con el medio natural para no impedir que unos y otros puedan funcionar juntos. Lograr ese objetivo muchas veces conlleva DEJAR DE HACER CIERTAS COSAS, porque simplemente no se puede lograr un desarrollo sostenible si mantenemos ciertas actividades. En cambio, cuando lo que se propone es lograr un desarrollo sostenido, se buscan estrategias para lograr seguir haciendo lo mismo, pero que el impacto al medio sea menor, o lo justo para no ser demasiado molesto. No nulo, ni mucho menos positivo, sino sólo menor. Esto que digo no me lo invento; esta diferencia conceptual se debe a que, durante los años 90 y principios de este siglo, el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y las Naciones Unidas le dieron una interpretación distinta al concepto de ‘desarrollo sostenible’ a través de una serie de conferencias y documentos (DuPlessis, 2012; World Bank, 1992, p. 3; United Nations Development Programme, 2003, p. 2).
  2. Que el término sostenibilidad suena a una erección a medias. Eso no mola. Mola estar potente. Me explico… Alcanzar un estado de sostenibilidad es básicamente decir que vamos a intentar dejar de joderlo todo, y ya. Es insuficiente, es bah! Ugh! Es un objetivo que se queda corto, que es mucho menos de lo que podemos lograr, y que no transmite realmente una imagen positiva de la explosión de vida y abundancia que desearíamos obtener. Si te estás meando muchísimo, vas a aguantar hasta llegar al váter, tanto si está a 2 minutos como si está a 5 (más de eso no se yo). Pero en ambos casos, medio segundo antes vas a sentir que revientas, y ese sentimiento será igual de intenso a los 2 minutos y a los 5. Los objetivos funcionan así, y modificamos nuestros esfuerzos y nuestra percepción de la realidad para que encajen con ellos. Podría poner el mismo ejemplo con correr una maratón o hacer flexiones. Ya me entendéis.

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Entonces, si la visión que crea la sostenibilidad en nuestras cabezas es insuficiente para los objetivos que podemos lograr, ¿qué marco teórico, metodológico y filosófico debemos emplear? Pues el que yo, y algunos otros antes que yo, proponemos es el de thrivability. Si, cuando uno piensa en sostenibilidad, piensa en toda la mierda que está ocurriendo, y en formas de hacer que eso deje de ocurrir, cuando uno piensa en thrivability, piensa en como toda esa mierda es la oportunidad perfecta para lograr una transición hacia algo mejor, piensa en como la especie humana es un ser vivo más en el planeta, y que como tal tiene la capacidad de hacer que su desarrollo impulse y promueva el desarrollo de más vida a su alrededor (es decir, que podemos generar valor positivo, y no solo nulo o negativo), y permite visionar un mundo en el cual toda la vida, y no solo la humana, sea capaz de satisfacer sus necesidades en el futuro. Fuck yeah!

Os voy a poner una tabla muy sencilla en la que se comparan sostenibilidad y thrivability, para que veáis de forma más clara las ramificaciones de dicha visión. Está en Inglés, sorry.

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(Fuente: http://www.urbanthriving.com/)

Bueno, todo esto era para hablar de un tema muy relacionado: las historias que contamos sobre nuestro mundo, y cómo estas afectan a las acciones que nosotros mismos y aquellos que las escuchan llevan a cabo.

Durante mi viaje escribí mucho sobre catástrofes, plástico, muerte, pedos y cacas. Y la verdad es que, por poder, podría seguir escribiendo sin parar de ello. Porque hay mucho; hay mucho que hacemos mal, algo de lo cual somos conscientes, y mucho de lo que no lo somos. Otras muchas cosas no podemos cambiar, o requieren muchísimo esfuerzo. Y otras sí, pero interfieren con nuestro día a día y ya no nos quedan energías para hacerlo. Todo ello me ha llevado a plantearme la siguiente pregunta…

A nivel psicológico, ¿es más eficaz tratar de explicarle al mundo todo la lista de putadas sociales y medioambientales que se dan en nuestro planeta hoy en día, y cómo su comportamiento afecta a este panorama, o es mejor esforzarse en desarrollar alternativas, y luego salir al mundo y explicarle porqué esas alternativas son mejores?

A mi me pone mucho el que me cuenten problemas y ver cómo de mal van las cosas, porque me encantan los retos y tener problemas que solucionar. Pero intuyo que hay mucha gente que se siente abrumada e incluso juzgada cuando se le informa del daño y las consecuencias negativas que tienen acciones que, hasta ese momento, no consideraba como dañinas para nada ni nadie. Entonces, tal vez la estrategia que he llevado hasta ahora no sea la mejor. Sí, hay que conocer el panorama real. Pero tal vez se gana el corazón de las personas cuando se le presentan visiones más positivas del mundo, más esperanzadoras, con más posibilidades, y en las que no se sientan abrumadas por la impotencia individual que parecemos sentir muchos ante tales conflictos.

Y bien, ¿tú que piensas?

Bibliografía

  1. Du Plessis, C. (2012). Towards a regenerative paradigm for the built environment. Building Research & Information, 40(1), 7-22. http://dx.doi.org/10.1080/09613218.2012.628548
  2. Russell, J. (2013). Thrivability. Triarchy Press.
  3. United Nations Development Programme (UNDP). (2003). South
    Africa: Human Development Report, Oxford University
    Press, Cape Town.
  4. World Bank. (1992). World Development Report, Oxford University
    Press, New York, NY.
  5. World Commission on Environment and Development (WCED). (1987). Our Common Future. Oxford: Oxford University Press

Sobre expectativas… (11:41 05/10/2016)

He estado un poco reticente a escribir (como es obvio, ya que no escribo nada desde hace casi un mes), principalmente porque no sabía que iba a salir, y no encontraba las fuerzas para hacerlo. Pero hoy se han dado las circunstancias necesarias. Me gustaría poder decir que este post va a tener una estructura coherente, pero no puedo garantizar nada, ya que si algo ha caracterizado mi estado mental estas últimas semanas, es la desestructuración. Allá voy…

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Decidí montar en bici hacia la nada porque necesitaba escapar. Escapar y olvidar. Las relaciones humanas son jodidas. No creo que haya nadie que pueda negar ese dato. Hay relaciones de las que se aprende mucho, y otras de las que no se aprende tanto. Pero aprender mucho no significa que lo que se aprende (o se saca como conclusión de una relación) sea una conclusión acertada. Yo he mirado mucho fuera de mí al analizar relaciones pasadas, porque es menos aterrador, y muchas veces concluía cosas sobre mí que no eran ciertas, o que solo servían para tapar problemas más profundos. En mi última relación de pareja hice un esfuerzo enorme por mirar hacia dentro y entender por qué las cosas iban mal. Y eso me dejó muy descolocado, pero a su vez me hizo ver aspectos de mi persona sobre los que necesitaba trabajar, aspectos de los cuales no me había dado cuenta antes, y que no solo han influido en mis relaciones de pareja, sino que van mucho más allá, desde lo que busco en las personas hasta como me concibo a mí mismo. Y esa fue realmente la diferencia. Supongo que esto ha marcado un antes y un después.

Sentado en mi cama a finales de mayo, espalda contra la pared, recuerdo pensar en la persona que esperaba ser a mi vuelta del viaje. Recuerdo pensar que podría curarme si me lo planteaba bien. Soy una persona muy sensible, y me importa mucho lo que piensen las personas de mí. Tanto que la mayoría de las veces mi humor, mi autoestima y la concepción que tengo de mi mismo depende casi enteramente de los ‘estímulos sociales’ de aceptación o rechazo que haya percibido de mi entorno. No tengo porqué leerlo dos veces para saber que eso no es lo ideal. El caso es que, cuando uno se guía en la vida por lo que cree que los demás piensan de él, uno empieza a olvidarse de sí mismo, y se convierte en una especie de espectro indefinido, como una triste gota de pintura que se disuelve en un charco de lluvia. Yo quería dejar de ser así, porque queriendo agradar a todo el mundo, lo único que estaba haciendo es hacer daño a personas que me importan, y a mí mismo.

Entonces un día pensé: “¿qué puedo hacer para obligarme a interaccionar socialmente con personas, y que me enseñe a que me importe poco lo que piensen de mí? Y lo que se me ocurrió fue un viaje en bici de tres meses. Hacerlo solo me daría la oportunidad de empezar de cero, ser yo y no tener que darle explicaciones a nadie. También me daría la oportunidad de dejar que todos los sentimientos de tristeza, enfado y frustración que llevo embotellados brotasen en forma de llanto, gritos, y hachazos a árboles (con los cuales me disculparía luego por el daño causado). Viajar de forma continua, pasando tan solo una noche en cada lugar, me daría la oportunidad de ser un gilipollas con alguien si me daba la gana (o tener una disparidad de opiniones, o enfadarme, o decirle que algo no me gusta), y luego no ver a esa persona jamás. Y por último, completar una locura de viaje me daría un subidón a mi autoestima, porque todo el mundo comentaría lo loco que estoy y me elogiarían por haberlo completado. Al menos, así es como interpretaba yo que ocurrirían las cosas. Y sí, también hice este viaje porque quería conectar con la naturaleza, y dedicarle tiempo a pensar en sostenibilidad y en mi futuro, y hacer ejercicio. Pero ahora mismo no quiero hablar de ello.

Ahora que han pasado varias semanas desde que volví, y me ha dado tiempo a relajarme y coger un poco de perspectiva, quiero intentar analizar lo que ha pasado en este viaje, y entender por qué coño he vuelto más inseguro y con más ansiedad social de la que tenía cuando me fui.

Mi viaje ha sido tremendamente solitario. Salí con Alejandro, y  montamos juntos durante 4 días. Fue la hostia. Luego hice lo mismo con la francesa durante 3 días. Y por último con mi hermano la última semana. Good times, the best. Pero el resto estaba solo. Había días que no interaccionaba con nadie más que con la cajera del súper. Y gracias a Dios que escribía post, porque si no me hubiese vuelto loco del todo. Igual hay personas que pueden (o saben) estar en paz interior cuando están en silencio. Yo no. Mi cabeza es un sin fin de ideas y pensamientos. Es como si tuviese un clon en mi interior que se dedica a narrar cosas continuamente, es exasperante hasta niveles apoteósicos. Os pongo un ejemplo: estoy caminando y se me cae un boli al suelo. Cuando me agacho estoy pensando en hacerlo de forma que ‘quede bien’, como si fuese un actor de las películas y me está mirando medio mundo. En mi cabeza hay una voz que está juzgando como me agacho, como si fuese la voz de alguna de las personas que está caminando a mi lado. Como si esa persona (muchas veces, en mi cabeza, una chica) no tuviese otra cosa mejor que hacer que dedicarle 30 segundos a mirarme fijamente y analizar mi postura y como me muevo. Joder, suena a que estoy como las putas cabras.

Por algún motivo, esas narraciones mentales se quedan en un plano secundario cuando estoy haciendo muchas cosas en mi día a día, hablando con gente de cosas que me gustan (pero de uno en uno, que si no la liamos), haciendo deporte o viendo una serie (por eso estoy tan enganchado). En mi viaje no había series, el deporte era monótono y no requería de mi atención activa, y había pocas personas con las que hablar. En consecuencia, empecé a escuchar a mi voz interna, que cada vez me hablaba en un tono más alto, más imperativo, más insistente. Es curioso porque en un principio me resultó muy útil escucharla; en cierto modo me hacía ver aquellas cosas sobre las que tenía que trabajar más a nivel personal. Pero a la larga, tras horas y horas de soledad, esos monólogos internos que se repetían en bucle como pensamientos obsesivos se convirtieron en diálogos, y me encontraba hablando solo dentro de mi cabeza, luchando activamente contra mi voz interna mediante la creación de otra voz nueva. Aquí un dato interesante para los curiosos: cuando escuchaba música, en vez de tener uno o dos pensamientos que se repetían de forma continua, mis pensamientos iban transicionando en función del tono emocional de las canciones, como si mis pensamientos tuviesen que ir en la misma frecuencia de onda de la canción que estaba escuchando en ese momento. Era más llevadero. Interesante, ¿verdad?

Si mi voz interna me dijese “tío eres la hostia” o “mira lo inteligente que eres que tienes una carrera en biotecnología, un master, coordinas una ONG y quieres montar tu propio centro de innovación” o “joder Pablo, que guapo eres y que bueno estas, tanto ejercicio da sus frutos” o “tu empatía con el mundo y tus ganas de luchar por un mundo mejor te hacen una persona súper valiosa y especial”, pues este post tendría otro título (tal que: Sobre la arrogancia profunda…). Pero mi voz interna no es tan maja. Es bastante cabrona, crítica y recalcitrante. Haberla escuchado tanto no ha sido bueno para mi. Ha ganado terreno, y por eso creo que me siento peor.

Pero no todo es malo. Como ya dije en el post sobre la ‘experiencioterapia’, las reflexiones que hice mientras viajaba me ayudaron a pensar en la forma de combatir mis demonios. Por eso, este viernes 7 de octubre empiezo una de las cosas que más me aterra en esta vida, clases de teatro. Si, dije que haría clases de baile, pero el teatro creo que es un reto todavía mayor para mí (y no tengo dinero para hacer ambas). Dos horas a la semana. Porque en esta vida hay que salirse de nuestra zona de confort. Todo menos rendirse. 🙂

 

[ES] Sobre racismo, y la diferencia entre culpa y responsabilidad (8:45 04/09/2016)

El tema sobre el que quiero hablar hoy es un tema muy delicado, y con el cual es muy fácil ser políticamente incorrecto, ofender a alguien o dar una impresión equivocada . Por ello, voy a poner mucho esfuerzo en pulir el texto y matizar siempre que considere necesario, porque no quiero que haya ningún malentendido. Si lo hay, pido que se me pida aclarar algo antes de juzgarme de cualquier modo. Gracias.
Quiero hablar de racismo, de lo que es, de porqué ocurre (biológicamente hablando), de cómo nos afecta, y de mi historia personal con este tema, la cual me ha dado mucho que pensar en este último mes de nomadiamo ciclista.
Me gustaría empezar relatando brevemente la interacción que he tenido a lo largo de mi vida con culturas y personas de clase económica distintas a la mía. En concreto, con personas de piel blanca provenientes de una clase económica media-alta. Lo quiero hacer porque considero que es relevante incluir esta información en el análisis que voy a hacer sobre este tema más adelante en el texto, y porque es necesario recrear mi pasado para entender la gestión que hago de la realidad en el presente.
Yo he vivido prácticamente toda mi vida (por lo menos mi vida consciente) en Pozuelo, un pueblo a 13 kilómetros a las afueras de Madrid centro. Y dentro de Pozuelo, en Prado de Somosaguas, que es una zona de urbanizaciones donde vive gente de clase media-alta (y, en ocasiones, muy alta). Menciono esto porque, a diferencia de otras zonas de Madrid o de España, Pozuelo es un lugar en el cual la multiculturalidad es muy baja. Es decir, que en mi vida diaria, y en lo que respecta a mi hogar y alrededores, he tenido poca interacción con personas de otras culturas. Esto contrasta fuertemente con la interacción social que tuve durante mis años en el Colegio Americano de Madrid (desde los 4 hasta los 13 años), en el cual el mix cultural era notable, y muy muy enriquecedor. Sin embargo, eso se acabó cuando me cambié al colegio Estudio, donde la multiculturalidad bajó notablemente.
Al acabar el bachillerato tuve mi primera experiencia de voluntariado en Burkina Faso junto a mi madre, la cual lleva viajando desde hace años a Burkina/Etiopía/India para colaborar en diversas campañas oftalmológicas. Mi siguiente interacción con el continente Africano vino 5 años después, al acabar la carrera, cuando me fui a Ghana a colaborar con una ONG local que trabaja para acabar con el maltrato infantil (www.evangghana.org). Desde entonces he estado en Ghana otras 4 veces, siempre en apoyo a la iniciativa de esta ONG.

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En lo que respecta a mi educación, jamás recuerdo haber sido influenciado (ni en el colegio ni en el hogar) para pensar que unas personas puedan ser superiores o inferiores a otras basado en el tono de su piel, la zona del mundo de la que provengan o el dinero que tengan en los bolsillos. Sin embargo, a uno no solo le educan sus padres y profesores, sino que uno también se educa a través de otras fuentes de información; en este caso, me refiero a la televisión, donde incluyo películas, series, publicidad y noticias.
Pues bien, llevo queriendo hablar de este tema unas semanas ya, porque desde que puse pié en la primera gran ciudad francesa (Burdeos), me percaté de un sentimiento en mi, de un prejuicio, con el cual no me identifico pero que no puedo ignorar. Como he mencionado en posts anteriores, hay que ver los sentimientos no como buenos o malos, sino como informativos, y aunque sé que los sentimientos que vienen suscitados por prejuicios los solemos calificar rápidamente como malos, os voy a pedir que hagamos el esfuerzo de mantenernos abiertos y analizar sobre qué nos están informando exactamente, de dónde vienen, y que se debe hacer con ellos. Se que estoy siendo un poco misterioso en cuanto a los sentimientos a los que me refiero, de modo que voy a ser más especifico…
Como sabéis, durante mi viaje he dormido en mi tienda de campaña la gran mayoría de las noches, y ésta la he tenido que poner en parques, en la playa, en un skatepark, detrás de supermercados, en medio de rotondas, en jardines, y en algún que otro edificio abandonado. En ocasiones, me he encontrado merodeando calles oscuras a media noche sin ser capaz de encontrar un lugar donde dormir y, sobre todo al principio, algo de miedito si me daba. Este miedo era notablemente mayor en las grandes ciudades, donde las diferencias socio-económicas eran mucho mayores y más palpables, y aquí es donde viene la clave; me producía mayor miedo estar merodeando por las calles y cruzarme a personas de culturas lejanas a la occidental, cómo por ejemplo a personas de origen Africano o Árabe, que a europeos blancos. Juzgar a las personas de este modo no me gusta nada en absoluto. No estoy de acuerdo con ello, pero sin embargo, lo he hecho. Repetidas veces. Me molesta mucho porque quiere decir que a un nivel basal, biológico e instinctivo, tengo un mecanismo de defensa que hace que me salte la alarma ante distintas personas en función de la ropa que lleven, la música que escuchen y el grado de pigmentación de su piel. Esto contrasta mucho con mi pensamiento racional, a través del cual yo defiendo que, pese a las diferencias superficiales evidentes entre las personas de distintas etnias, la esencia humana es la misma y es la cultura en la que crecemos y la educación que recibimos lo que dicta cómo somos como personas. Entonces, ¿soy racista?
Se entiende como racismo la defensa de la superioridad de un grupo étnico sobre el resto. En antropología, el término raza (humana) se refería a grupos en que se subdividen los seres humanos de acuerdo con diversos sistemas de clasificación usados especialmente entre los siglos XVIII y mediados del XX. Estos sistemas incluían pigmentación de la piel, pigmentación del cabello y los ojos, prognatismo, forma de la nariz, etc. En general, criterios muy superficiales. Hablo en pasado porque el término ‘raza’ se ha ido dejando de utilizar progresivamente y ha sido sustituido por el de ‘étnia’, el cual proviene del griego “ethnos” que significa pueblo o nación. Por tanto, mientras raza se refiere a características fenotípicas, etnicidad se refiere a cultura, y específicamente a diferencias culturales.
Como decía, los sentimientos no son buenos ni malos, sino informativos, y a mi el sentimiento de miedo e inseguridad que me producen instintivamente ciertas personas me está informando de que, en algún lugar de mi cabeza, y pese a lo mucho que he trabajado con personas de diversas culturas durante estos últimos años, hay una asociación subconsciente entre fenotipo (rasgo superficial) y peligrosidad. En cierto modo, nuestro instinto biológico de supervivencia es algo que, por si solo, analiza el mundo y nos ayuda a evitar el peligro cuando existe la posibilidad, por remota que sea, de encontrarnos con él. Nos hace la tarea de sobrevivir más eficiente. Eso son los prejuicios, un mecanismo psicológico que nos ayuda a mantenernos alejados del peligro mediante una generalización de la fuente de este. Por ejemplo, si durante nuestra vida nos encontramos repetidas veces con raperos que son maleducados y violentos (o nos repiten una y otra vez que los raperos son maleducados y violentos), sentiremos cierta aversión instintiva hacia cualquier rapero, aunque al final resultase que era un rapero hippi del evangelio.
Yo creo que las personas no somos culpables de sentirnos de un modo u otro, de tal modo que uno no se debe sentir culpable si no le gusta el pollo frito, o si evita a raperos de forma instinctiva, ya que hay muchos factores que han moldeado nuestra forma de sentir, pero sí somos responsables de la gestión de esos sentimientos. De este modo, si al que le viene un sentimiento de inseguridad o aversión al ver un rapero sabe que, en el fondo, no todos los raperos del planeta son mala gente, debe hacer un esfuerzo por no discriminar a una persona sólo porque sea rapero/a, y darle las mismas oportunidades que le daría a alguien que no sea rapero/a. Es responsable de hacer ese esfuerzo, y aunque no puede ser culpabilizada por sentir aversión hacia los raperos en general, sí puede ser juzgada por cómo actúa al encontrarse con uno/a.
Yo, si os soy sincero, creo ese miedo que he sentido y con el que no me gusta identificarme, está causado por dos motivos:
1. La realidad en la que he vivido. Por mucho que a nivel teórico haya sido de aceptación e integración, a nivel práctico he compartido mi vida diaria (adulta) muy poco con personas de otras culturas. Y cuando lo he hecho, no ha sido en un ámbito multicultural, sino más bien en núcleos donde yo era el extraño (Ghana o Burkina). De esto no me hubiera dado cuenta si no hubiese caminado por grandes ciudades francesas como Burdeos, Orleans o París, en las cuales he visto mucha mayor multiculturalidad de la que he visto jamás en Madrid.
2. La televisión. No se vosotros, pero yo habré visto miles de películas en las cuales son los negros gangsters del ghetto los que arman todo el lío, son los malos más malos y a los que hay que temer. Esto es igual que en el ejemplo de los raperos; si tus padres te repiten toda la vida que los raperos son maleducados y violentos, estarás predispuesto a pensar de ese modo. Pues esto es igual. De forma subconsciente, se nos ha repetido demasiadas veces a través de la TV que ciertas personas son de un modo, y ante la falta de más información (por no haberlos conocido realmente), es en base a esas enseñanzas que los juzgamos.
No soy antropólogo, sociólogo ni psicólogo, y no puedo profundizar mucho más en este tema sin pasarme de listo, de modo que lo voy a dejar aquí. Mi intención con este post era aclarar un sentimiento que me tenía confundido, y el cual puede que sintáis algunos de vosotros, por el cuale no os debéis sentir culpables (ya que somos producto de muchos estímulos que se escapan a nuestro control), pero si responsables de cómo actuéis ante ello.
Hakuna matata…

[ES] De Orleans a Bruselas: sobre la rubia, Efemóclides, tortillas de patatas y una cara hecha de culos (18:44 06/09/2010)

Hace mucho que no escribo. Igual demasiado, pero es que han sido días muy ocupados. En realidad no, pensandolo mejor no creo que sea ese el motivo. El motivo es más bien que tengo buen internet y demasiado tiempo libre tirado bajo un techo decente, y cuando esto ocurre me engancho a ver series, pelis, a leer las noticias, ver videos sobre gente muy rara con dos cabezas en youtube, etc. Y al final nunca encuentro el momento de ponerme a escribir. Cuando estoy entre arboles, o el internet del McDonalds es tan lento que tarda 5 minutos en cargar un icono, pues soy más productivo. Curioso.

El caso es que no os he contado nada desde aquella noche en la dormí en aquel parque celestial justo después de Nantes; no os he hablado de la rubia, ni de París, ni de Bruselas, ni de que he defendido mi tesis hoy y he aprobado (y me han elogiado mi forma de escribir y mi pasión por la sostenibilidad :D), ni de a dónde voy mañana. Así que sin más dilación, os voy a dar la versión resumen (porque la completa es infinita).
Al día siguiente del parque celestial me levanté bien pronto, porque a mi alrededor ya había gente paseando a sus perros, y se hace un poco raro dormir en esas circunstancias. Casi un kilo de alubias con fideos y guisantes (mis combinaciones no serán muy ortodoxas, pero te nutren que flipas), y a las 8 estaba en la bici ciclando hacia el sol. Y tres minutos despues, me encuentro a esta…
imageEsta se llama Chloé (pronunciarlo como queráis, yo siempre lo pronunciaba mal), y es una fisioterapeuta francesa con motor Alemán que había vendido sus pertenencias, dejado su trabajo y su piso, metido todo en una bici KTM gigante con tantas alforjas que hasta las alforjas llevaban alforjas, y se había echado a la carretera. Menuda chutada. Aquella mañana que nos conocimos sólo llevaba un par de días ciclando, pero había hecho unas cuantas salidas antes, y estaba bien fuerte, así que sabía lo que estaba haciendo. Eso si, la tía pretendía dormir en campings como una pija, así que le dije que se dejase de tanta tontería que la iba a enseñar a dormir como un mendigo profesional. Dado que los dos íbamos hacia Orleans, decidimos ciclar juntos ese día, y me resultó muy refrescante volver a viajar con alguien. Todo mi viaje había sido solitario excepto con Alejandro los primeros días, y la verdad es que tanto tiempo conmigo mismo me estaba volviendo loco. En serio, el tiempo en solitario es muy bueno para escuchar las gilipolleces que reverberan constantemente en la cabeza de uno, pero pasado un limite lo único que quieres hacer es lijarte el cerebro para que las voces paren. Pero eso no es buena idea. Mejor es que se una alguien con quien hablar, y la lijomanía se acaba.

image image image image image image image image image image image image image imageLos tres días con Chloé fueron muy productivos en cuanto a distancia recorrida; nos levantábamos (se levantaba y me hacía seguirla) a las 7 de la mañana, y a las 7:30 estaba montada en la bici como una enferma mental. Ni desayunaba alubias ni nada. Pero claro, conmigo el 60% de las conversaciones trataban de comida y del hambre que tenía, y tras tres días eso caló y se acababa metiendo unos desayunos bien potentes. Al tercer día llegamos a Orleans, donde nos separamos y yo dormí detrás de un super muy cutre. Así es la vida.
imageLos siguientes dos días los invertí en llegar a París. No recuerdo muy bien como fueron la verdad, de modo que os dejo con fotos del camino…

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Esto fue a la mañana después de aquel post apocaliptico en el que relataba lo mucho que me cuesta pedir ayuda. Estuve en el McDonalds cargando el iPad hasta las 11 de la noche y salí de ahí en total oscuridad y sin saber donde dormir. Por suerte, encontré un parque y me dejé absorber por su negrura. Sorprendentemente, dormí como un cerdo de bien.

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Este es mi amigo Efemóclides. Me lo encontré tirado en un campo en medio de la nada y lo puse colgando de mi bici. Parecía que llevaba una cabeza amputada. Luego se me cayó por medio de París. Pobre.

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Mini-recuerdo: Una de las cosas que quería hacer durante mi viaje era comprarle comida a alguna persona solitaria sin hogar y comer con el/ella en el suelo, para que me contase su historia de vida y hacerle sentirse incluido/a en la sociedad de algún modo. Mi primer intento fue con un hombre que estaba pidiendo en frente de un super; entré, le compré un pan grande y queso, y le comenté que le había comprado comida y que quería comer con él. Inmediatamente me respondió que no, que tenía comida de sobra y que solo quería dinero. Yo, cortao, me disculpé y me fui. Mi segundo intento fue peor. Llegué a Paris y en medio de una gran calle había un hombre muy flaco y sucio sentado en la acera. No miraba hacia las personas que pasaban a su lado, ni hacia ninguna tienda ni restaurante, sino que miraba hacia el cielo, como si esperase ver algo que nunca llegaba. Estuve observandole casi media hora, durante la cual no se movió, y tras mucho debate interno, decidí que comería con él. Me fuí a un restaurante de Kebabs y me pedí uno con todo a rebosar, mas patatas y una botella de agua. Dejé mi bici junto a una farola, y con los raviolis que tenía para ese día, una cuchara y su bolsa con el kebab, me acerqué a él lentamente y le pregunté en mi francés chungo que si tenía hambre, que me gustaría comer con el. Y va, y me dice que no! Que ya ha comido y que no quere más! Debo admitir que lo flipé un poco; no me esperaba ese rechazo contínuo. El otro día lo conseguí por fin, en Bruselas. Pero no fue intencionado por mi parte, sino que fue un hombre muy muy flaco que se me acercó y me preguntó si le compraba arroz con verduras. Hablamos un poco y al final le acabó invitando el del propio bar. Pero me pareció muy curioso e interesante el hecho de que varias personas rechazasen mi intento de ofrecer comida. Parece que la comida no es algo dificil de conseguir ya. Da que pensar…

El caso es que llegué a París, y una vez allí me puse en contacto con la pareja que me acogió en Nantes. Que calidad de gente, en serio. No solo me ofrecieron su casa y comida durante dos noches, sino que además me dieron sus llaves de casa para que pudiese entrar y salir a mi bola, y me hicieron un mini-tour por la zona. Esas noches, el dormir en una cama de verdad me supo a gloria líquida. Nada mejor que eso.
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(Les cociné una tortillaca de patatas 🙂 )
El 1 de septiembre por la mañana cogí un bus hacia Bruselas. Cogí el bus porque si no, no me hubiera dado tiempo a estar allí para el finde del 2 al 4, durante el cual estarían mis padres y hermana de visita. Además, mi rodilla estaba bastante pocha y no era cuestión de meterme 300 kilometros a sprint en dos días.
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Bruselas ha sido gozoso. Estar con el brother, ver a la familia y dormir en cama limpia, ha sido gozoso. Conocer a Salvador y a su gato Bancuo, ha sido gozoso. Y hoy defendí mi tesis por skype, y me la aprbaron! Eso sí que ha sido gozoso 😀 Un peso menos de encima jeje. Mañana, el brother y yo salimos para Amsterdam, a la cuál llegaremos en unos 5 días, pero esto huele a desastre ocasional porque ni si quiera tenemos tienda para Ignacio, y la ruta va a ser improvisada al máximo. Pero bueno, da igual, más emoción.

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Bueno, aquí lo dejo, que estoy un poco chuzao de sangría (había que celebrar mi tesis y que Ignacio ha tenido su último día de trabajo hoy), estoy reventao, y mañana me tengo que levantar pronto o nos veo saliendo a las 4 de la tarde. Trataré de escribir en breves con los siguientes acontecimientos! Augur!!
(Nota: este post lo tenía que haber subido hace 3 días ya, pero la página web desde la que gestiono mi blog me la lió y no me dejaba entrar, así que hasta hoy no he podido. Disculpad el vacío existencial)

[ES] Sin asertividad, estamos todos puteaux (19:18 31/08/2016)

Dado que somos seres sociales, y que nuestra vida está completamente determinada por nuestra capacidad para comunicarnos con el resto, sería de esperar que en el colegio, además de mates, lengua, historia, etc., se nos enseñase a gestionar las emociones correctamente y a comunicarnos de forma sana y efectiva con aquellos que nos rodean. Es mas, eso debería ser una porción notable del curriculum. Igual el sistema educativo ha imagecambiado mucho desde que yo era alumno, pero yo no recuerdo jamás una clase sobre inteligencia emocional, ni sobre formas de comunicación. Y si las hubo, debieron ser tan pésimas y aburridas que ni me acuerdo. Y ¿qué pasa? Pues que uno no es parido al mundo con la capacidad de comunicarse perfectamente con las personas, uno aprende distintos patrones de comunicación a medida que se desarrolla en sus círculos sociales. Y si nadie te enseña explícitamente patrones de comunicación sanos (para empezar porque la gente no suele saber qué implica una correcta comunicación de las emociones – porque las mates, la lengua y la historia son oooobviamente mucho más importantes que esa mierda), lo aprendes a hostias a lo largo de un camino de sufrimiento en el cual no solo te descuartizas mentalmente tu, sino que descuartizas a los que te rodean. Y hasta que uno no se da la hostia suprema y se te arranca la mitad de la cara, a veces no te paras a reflexionar sobre estos temas (o no lo haces tan a fondo como deberías). Por si no os habíais dado cuenta, estoy hablando desde mi experiencia propia. Por eso hay tanta rabia en mis palabras.image

Yo doy mucha pena comunicándome. No hablo de que sea disléxico, ni de que no sepa pronunciar palabras. Hablo de la capacidad de exteriorizar de forma sana lo que me ocurre internamente. Esto es especialmente notable en situaciones de conflicto (tanto real como potencial). Es como si me hubiesen arrancado la parte del cerebro que se encarga de conectar lo que siento, quiero y deseo, con la que se encarga de expresarlo. El caso es que, como forma de trabajar sobre estas embolias psicológicas mías, mi querida psicóloga me sugirió que me informase sobre la asertividad, un término para mí desconocido hasta entonces, y dado el enorme valor que vi en ello, he decido que necesito compartirlo para que a otros embólicos mentales os sirva de ayuda también.
¿Qué es la asertividad?
Pues para entender bien el concepto, primero hay que hablar de ciertas cosas; entre ellas, los sentimientos y las tres formas básicas de comunicación. Voy con lo primero: los sentimientos y las emociones. Para empezar, me gustaría destacar el hecho de que, en nuestra sociedad, se nos enseña a no sentir. Y si eres un tío, más. Parece que lo que hay que hacer es avanzar en la vida, y que los sentimientos que esta te suscita (sobre todo si son tirando hacia la tristeza, el miedo, los celos, la soledad, etc.) te los tienes que tragar. Se un hombre y déjate de mariconadas! Ya me entendéis. El resultado final es una deficiente comprensión de la variedad de emociones que uno puede sentir. Si te vas al diccionario, verás que hay muchísimos sentimientos posibles, pero a efectos prácticos nosotros estamos acostumbrados a reconocer muy pocos. Y cuando la vida corre muy deprisa, o estás bien o estás mal. Y si estás mal, te das un paseo. Punto.
Como si esto no fuese suficiente, emitimos juicios morales ante distintos sentimientos, de modo que sentirse de un modo u otro hacia algo o alguien (y reaccionar de forma acorde a ese sentimiento) puede ser categorizado como ‘bueno’ o ‘malo’, en función del contexto cultural en el que te muevas. No solo por los demas, sino también por el que siente el sentimiento. Esto da como resultado personas a las que les cuesta ser sinceros emocionalmente, porque temen desencadenar reacciones negativas por parte de aquellos que puedan emitir juicios de valor sobre su forma de sentir. Ya lo he mencionado en un post anterior, y lo volveré a repetir porque me gusta mucho: los sentimientos no son ni buenos ni malos, son informativos. En otras palabras, los sentimientos son la forma sana y natural que tiene cada uno de determinar sus límites personales, y de guiarnos hacia lo que más nos satisface/gusta/hace felices. Sentirse cabreado por algo que alguien te haya dicho no es malo. Ahora bien, tu forma de reaccionar ante ese cabreo si puede ser mala (si por ejemplo le abres la cabeza con la mesa de planchar).

Un claro ejemplo de todo esto sería el chaval de 12 años al que le gusta el rosa, pero que no se viste de rosa porque, culturalmente, el rosa está asociado a las chicas, y sabe que si lo hace va a ser ridiculizado en clase. Al chico le gusta el rosa, pero ese sentimiento de atracción hacia el color se lo tiene que guardar. A menos que tenga mucha personalidad y vaya marcando tendencia claro. Pero si no hubiese una asociación entre ese sentimiento de atracción por el color rosa y la connotación negativa que se le da en este caso, ese sentimiento no quedaría reprimido. Es curioso porque esto que digo del rosa, en Ghana no existe, y ves a chavales con una camiseta rosa de Hello Kitty y a nadie le importa una mierda. Es todo cultural.
Uno de los mayores problemas del ‘estreñimiento emocional’ (de que las emociones no fluyan libremente, sea por el motivo que sea), es que se pudren en nuestro interior. Esto es especialmente notable en lo que respecta a las emociones de carácter negativo, como el dolor, la envidia, la frustración, el engaño, el rechazo, la humillación y la ignorancia. Estas, si no se expresan y quedan guardadas en nuestro interior, se convierten en enfado, y este, a la larga, en depresión. Para entender porqué, conviene introducir un término clave: la homeostasis.

imageLa homeostasis se refiere al equilibrio del cuerpo. Normalmente se suele emplear en biología, hablando de un equilibrio físico, pero aquí vamos a hablar de ello con respecto al equilibrio emocional. De este modo, cuando la mente está tranquila, podemos decir que está en un estado de homeostasis. Sin embargo, un suceso cualquiera rompe ese estado de equilibrio, ya que suscita en nosotros un pensamiento y un sentimiento que nos desplazan fuera de él. Es cuando reaccionamos de forma apropiada a ese sentimiento que recuperamos la homeostasis. Si no lo hacemos, pues no.
Habitualmente no reaccionamos adecuadamente, sino que embotellamos el sentimiento, el cual pasa a convertirse en un síntoma somático (un dolor de cabeza, de estómago, etc.). PD: el cuerpo y la mente están conectados, mucho más de lo que algunos escépticos pensamos. Otras veces, canalizamos el sentimiento, pero hacia una o unas personas que no son culpables de lo que hemos sentido. Aquí un típico ejemplo es el del padre (o la madre) de familia que se tira todo el día guardándose el estrés del trabajo, siendo majo con los clientes que odia profundamente, y gimoteando insultos hacia su jefe al cual no soporta, y lo acaba vomitando todo sobre su mujer/marido e hijos, simplemente porque es con ellos con quien siente que puede expresar estos sentimientos de forma segura. Desgraciadamente en estas situaciones, se acaba faltando al respeto a quien más se debería respetar.

Entonces, ¿qué es la asertividad? Pues la asertividad es un tipo/estilo de comunicación que se basa en proteger nuestros límites personales sin herir los sentimientos de aquellos con quien nos comunicamos. Vamos, que es como una fórmula para ser muy francos y respetuosos a la vez, tanto con nosotros mismos como con los demás. Por tanto, está claro que para ser asertivo, primero hay que saber escuchar a nuestro lado emocional. Punto para recordar.
Existen tres tipos de comunicación:

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1) Comunicación agresiva. Este tipo de comunicación es la de un padre crítico: es autoritaria y, podría decirse, falta de filtros. Las personas que se comunican de este modo suelen atacar a la persona directamente en vez de a la acción que han realizado (e.g. “Eres estúpido por haber dejado el fuego encendido!” en vez de “Dejar el fuego encendido ha sido una estupidez!” GRAN DIFERENCIA!), pudiendo llegar a ser violentas verbalmente (emplean insultos). La comunicación agresiva suele desencadenar peleas y confrontaciones.

2) Comunicación pasivo-agresiva. Es una comunicación característica de los niños, la cual destaca por una evasión de posibles confrontaciones. En esencia, el que se comunica de forma pasivo-agresiva es deshonesto en lo que dice, indirecto, emplea herramientas como el sarcasmo y, en definitiva, busca manipular a la otra persona para que acabe siendo esta la que cambie de opinión o ceda ante una disputa (mediante el uso de fórmulas como “haces que me sienta…”). Me voy a detener aquí, porque este es mi tipo de comunicación y lo odio profundamente. Yo soy muy pasivo-agresivo, y viene de que no me gusta herir a las personas. Y eso a su vez viene de que pienso que si hiero a las personas me van a rechazar. De modo que en realidad es puro egoísmo y miedo al rechazo, y no se hasta que punto son los sentimientos de la otra persona los que me importan. Me gustaría pensar que soy buena gente y que lo que me importa más son los sentimientos ajenos, pero hay veces que lo dudo. Supongo que tengo que explorarlo más. El caso es que, en mí, este tipo de comunicación es un mecanismo de defensa que se produce de forma instintiva, y muchas veces no me doy ni cuenta de lo que está pasando. Hace falta mucha introspección y autocrítica para darse cuenta, pero creo que es un estilo comunicativo bastante común y el cual hace sufrir bastante (porque de no quejarme de las cosas acabo sufriendo yo, y volviendo locos a los demás). Pero bueno, de aquí pa lante.

3) Comunicación asertiva. Esta es la que mas mola. Es un comunicación abierta, honesta, directa y de igual a igual. El objetivo del que se comunica es informar a la otra persona sobre como el o ella se siente y piensa, y de ese modo respetar sus límites personales, defender su posición, y no faltar al respeto a nadie. Se minimiza el riesgo de herir a las personas. Por eso me gusta tanto la asertividad. Pura crema.
Para comunicarnos de forma asertiva, es importante empezar las frases con “Yo me siento/Yo necesito/Yo quiero/Yo ienso…”. Ese “yo” es muy importante, porque hace ver que eres tú el que controla como te sientes, y no los demás. Me explico; con frecuencia se nos dice que son los demás los que nos hacen sentir de un modo u otro, pero esto no es cierto. Soy yo el que, debido a mi autoestima, mi humor, el día que llevo y mi sensibilidad ante las cosas, determina cómo me voy a tomar un comentario. De modo que un comentario que iba ‘de buen rollo’ me puede sentar como una patada en el culo porque lo he malinterpretado, y antes de culpabilizar a esa persona por ser una desgraciada sin sentimientos, es importante informarla de que ese comentario me ha sentado mal A MI.
Existen 4 partes a tener en cuenta cuando nos comunicamos de forma asertiva con los demás:
1.- El contenido y la estructura. Esto es todo lo que hemos hablado en este último punto.
2.- El lenguaje no verbal. No se puede ser asertivo si estas enchepado y actuando como una nutria atormentada. Tampoco si te subes a una silla para estar más alto que la otra persona. Se trata de estar en una postura de respeto e igualdad, tanto por el otro como por uno mismo.
3.- Contacto visual. Esto no tiene mucho misterio; simplemente mantener un buen contacto visual, pero tampoco penetrarle a la otra persona con tu mirada hasta que se le derritan las córneas. Un equilibrio, como siempre.
4. Tono de voz. Este es obvio; ni muy bajito y suave, porque por muy bien formulada tu frase, va a sonar a comunicación pasiva, ni muy alto porque se vuelve comunicación agresiva.

Conseguir combinar estas cuatro partes a la perfección no es fácil, y requiere su práctica. Sin embargo, existe una estrategia muy útil para ello y es la de olvidarse un poco de lo que piense la otra persona de nosotros. En mi caso, este es un punto clave ;). A mi, ser asertivo me cuesta mucho, pero estoy trabajando duro para serlo. Me gustaría que cada uno de vosotros hagáis un ejercicio de introspección e identifiquéis qué estilo de comunicación es el que os caracteriza más. Luego, si os apetece, me lo comentáis, y así me siento más acompañado en mis embolias mentales jaja.
Vayan con Dios amigos!