Amar en tiempos de Tinder. Visión, misión y perspectivas de futuro (ES 16:55 18/01/2017)

Aaaaay el Tinder. Revolución sexual, social y emocional, todo en una app. De esto quiero hablar hoy. Pero no voy a hablar desde fuera, manteniendo una posición crítica de distancia y superioridad. No no. Quiero hablar desde dentro, y como siempre, metiendo mi historia fangosa de por medio. Porque yo… sí he usado Tinder.

(Nota: este post empecé a escribirlo hace una semana. Por aquel entonces, aún utilizaba la app, y la frase anterior se leía: “Porque yo… sí uso Tinder”. Hoy, la he borrado. La aplicación, no la frase. Bueno, la frase también. Ya me entendéis! En mi cerebro, es como si hubiese culminado mi experimento. Como si de repente no me produjese ningún interés. Creo que ya me he aburrido de ella.)

Decir que usas Tinder es un poco tabú a día de hoy. Nadie habla de ello de primeras, y la gente se avergüenza si se ve en la obligación de admitir que lo usa. Lo paradójico, sin embargo, es que muchos de nosotros/vosotros/ellos/ellas lo tienen instalado/a en el móvil/a. ¿Sabéis como lo se? Pues porque hay una opción en el facebook que te permite ver quién de tus amigos/as usa Tinder. Si si, lo que he dicho. Mucho dicen que Tinder no publica en tu nombre, pero nadie se lee la letra pequeña…

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También lo se porque me encanta sacar el tema cuando estoy con gente, y en el momento en el que yo digo que uso Tinder, todo el mundo empieza a hablar de su experiencia en la aplicación. Ahí es cuando se pone interesante.

Yo he tenido tres momentos en mi vida de usar Tinder. Tinder, por cierto, significa yesca o material inflamable. De ahí el logo…

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Eso, o el logo es una forma poco discreta de avisarte de que en eso se van a convertir tus genitales como no tengas cuidado usando la app. Pero, para los que no lo sepáis, Tinder también es una aplicación que te permite ‘conectar’ con personas cercanas a tí. Una vez que conectas con ellas, puedes convertir esa conexión en lo que a tí (y la otra persona) os dé la gana. Para conectar, lo único que tienes que hacer es desplazar el perfil de la persona (fotos + descripción) a la derecha de tu pantalla. Los perfiles se ven así…

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Si esa persona hace lo mismo con tu perfil, se crea la magia potagia y se abre un canal para que los dos converséis.Y aquí es donde empieza lo jodido… pero volvamos atrás que me he ido, como siempre…

Yo he usado Tinder tres veces (o en tres periodos distintos de mi vida, más bien). La primera vez fue por curiosidad máxima, nada más salir la aplicación. Si si, el Tinder es una herramienta superficial, fría e inhumana del demonio (si tú la conviertes en ello), pero soy un ser curioso. Recuerdo que, por aquel entonces, podías darle ‘likes/me gustas’ a todas sin límite (no como ahora). A mi me parecía la mejor estrategia sin duda alguna; así te aseguras las posibilidades de echar pinchitos al máximo. Qué iluso. Al poco me aburrí de no encontrar a nadie interesante (mentira!! A veces escribo basura que no me la creo ni yo. Me aburrí de no obtener la aceptación desmesurada que buscaba, ni elogios a mi corte de pelo moderno, ni sexo rápido) y lo desinstalé.

Segundo intento… En éste me dio por experimentar al máximo jaja. Me río yo solo porque se lo que viene. Como ya no tenía smartphone, me puse el Tinder en el ordenador, y descubrí que podía cambiar mi posición GPS y aparecer en cualquier lugar del mundo (eso implica que las personas que me van a aparecer en la aplicación serán las que se encuentren -falsamente – cerca de mi). Y ¿qué hice? Pues intentar descubrir el país del mundo en el que más atrajese a las mujeres, para luego viajar allí claro! Así estaba de desesperado jajaja. Lo que hacen las hormonas…

(Nota: Al final del post os cuento en qué país tengo más éxito superficial :p )

Tercer intento… y último. A la tercera va la vencida ¿no? Más o menos, todo depende del objetivo prefijado… Lo que está muy claro es que esta vez ha sido diferente. Diferente porque el grado de conocimiento que tengo sobre mi mismo, sobre mis emociones, mis gustos y mis apetencias, ha aumentado mucho en los últimos meses. No es lo mismo meterse a usar una aplicación de citas online sin tener ningún criterio, buscando todo, queriendo todo, desesperado por obtener aceptación por cualquier lado sin importar quién te acepte, que ir con una serie de filtros por delante. Ir sabiendo que no le vas a gustar a todo el mundo, que no le tienes que gustar a todo el mundo, que no le puedes gustar a todo el mundo, y que no pasa nada, porque no todo el mundo te va a gustar a ti tampoco.

En Tinder solo hay gente superficial que busca follar y ya. Una shit licue de cabra strange, como diría mi primo. En Tinder me he encontrado de todo, desde chicas que no ponen mas que fotos de selfies poniendo morritos y enseñando escote (eso si, dejando muy clarito que solo quieren tener conversaciones profundas con gente interesante…), hasta chicas que están viajando por el país y quieren hacer amigos, o chicas que buscan el amor de su vida (que no mida menos de 1.80m por favor, que los demás son unos pedazos de escoria despojos de la humanidad que no merecen ni que se les dirija la palabra). Buah que de mala hostia me pone la discriminación por alturas. Me imagino que hay muchos tíos que hacen lo mismo o peor en Tinder (shame on them!), pero yo solo veo las tias y esos comentarios me sacan la vena psicópata. En fin. En Tinder también hay chicas que parecen muy normales, pero que luego son bordes como ellas solas, y chicas aparentemente vacías que luego te sorprenden con un mundo interior de lo más interesante. Y es que, ¿que hostias va a haber en una app a la que se une tanta gente, si no la misma diversidad de seres humanos que hay en la vida real?

Hay un pobema, chicos y chicas. Y ya es tan tarde en la noche que se me estan quitando los filtros cerebrales y puedo empezar a escribir barbaridades. La tecnología es como un vomitado de cigueña sólido, convertido en helado, metido por la napia de un rinoceronte, y vomitado de nuevo. Los seres humanos no estamos hechos para comunicarnos así. E igual que yo pierdo filtros cuando se hace muy tarde y me entra el sueño, la gente pierde filtros cuando está detrás de una pantalla. Y la gente hace daño. Y dice cosas ofensivas. O simplemente pasa de todo. Y luego se siente frustrada. Y se deprime. Y deprime a los demás.

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Imaginate esto: Suena tu movil y se te notifica de que tienes un nuevo me gusta. Máxima emoción, quién será quién será! Ermenegilda. Pues muy bien. Le escribes. “Hola Ermenegilda, que tal?” Carita feliz. Jamás hay respuesta. Fuck! Una semana después… otro me gusta. Petra. Aquí te pones ingenioso… primero la carita feliz, y luego el que tal. Responde!! Hola. Bien y tu? Pues bien, aquí bla bla bla. Tú que haces? Jamas responde. Fuck, doble fuck!! Al mes te percatas de que muchas tias en su perfil ponen: no respondo a “hola, que tal?”… What?!? Que clase de bordería es esa? Entonces que empiezo, con un chiste? Te cuento un poema? Algo ingenioso? Y tú que? Porqué tengo que ser yo el que hable primero? Qué clase de reglas implícitas hay en este juego? Si tu y  yo nos conocemos en persona, y al presentarme ves que no te gustan mis cejas (por ejemplo), o que no te apetece mucho contarme a qué te dedicas… me dejarías ahí, te darías la vuelta y te irías sin más?

Una de las cosas que más me han sorprendido del Tinder es la facilidad con la que se deshumaniza a las personas. Pero no porque la aplicación te obligue a ello, NO! Pero te facilita la opción. Las relaciones interpersonales requieren esfuerzo. Requieren esfuerzo para florecer, y para mantenerse en flor. Ese esfuerzo se percibe por ejemplo en momentos de silencios incómodos, nerviosismo o enfado. Son situaciones que requieren algo de trabajo para ser superadas y dar paso a relaciones ‘reales’. Pero ese esfuerzo no parece darse con demasiada frecuencia en el mundo virtual. Total, puedes bloquear a la persona o apagar el movil y te la suda. No le tienes que mirar a la cara. ¿Me equivoco? Pues sí me equivoco; hay veces que la vida no nos da para más, o somos muy despistados y tenemos ocho mil mensajes a los que responder, y aunque queramos responder, se nos pasa. La tecnología nos conecta por encima de nuestra capacidad de gestión de relaciones (creo yo), y por un lado o por otro, la acabamos liando…

Igual es que soy muy sensible, o excesivamente considerado, o estoy como una cebolla (100% ido de la olla), pero a mi esta forma de hacer las cosas no me parece correcta. ¿Sabéis cual es el problema de nuestra sociedad? Bueno, hay muchos, pero uno que se refleja aquí es que cada vez tenemos menos tiempo para vivir (porque estamos consumidos haciendo aquello que nos llena los bolsillos y nos vacía el alma), y echamos de menos sentir cariño. Pero ya no sabemos cómo ni donde encontrarlo, o estamos demasiado cansados y/o asustados para salir a buscarlo, y lo intentamos hacer desde el sillón, o el báter, o la cama o el trabajo. A través del móvil. Y ni siquiera ahí invertimos el esfuerzo necesario para establecer buenas conexiones humanas. Porque no podemos. O no queremos.

Es muy tarde, y no se qué digo. El Tinder es solo una aplicación. No es buena ni mala, porque es lo que los usuarios quieran hacer de ella, y estos no son ni buenos ni malos. Pero nos falta tanta educación emocional y tanto conocimiento sobre el gestión de las ‘relaciones virtuales’, que muy poca gente lo hace bien (bien, como yo entiendo bien, que puedo estar equivocado). Y ojo, que digo esto pese a que a mi el Tinder precisamente me ha ayudado a crecer personalmente, por raro que parezca. No respecto a echar pinchitos, sino a aceptar el rechazo (porque el Tinder es una máquina de rechazo continuo, y o lo superas o te hundes). Y a entender que yo también puedo rechazar, que tengo derecho a poner mis propios filtros (y que debo hacerlo!), y que soy una persona que también elige además de ser elegida.

Voy a concluir, porque es muy tarde, mi cerebro está líquido y no se cuantas gilipolleces estoy diciendo por párrafo: El Tinder es una plataforma online que facilita la creación de conexiones entre personas que quizás si o quizás no se hubieran conocido en persona de no haberse encontrado por ahí. Es una herramienta, y como toda herramienta, puede usarse bien y puede usarse mal, al igual que puede usarse para hacer el bien o para hacer el mal (conceptos distintos). En ella hay gente de todo tipo, maravillosa y no tan maravillosa. Gente con todo tipo de intenciones. Dado que somos (en general) pésimos comunicadores emocionales, y que la tecnología facilita el pasotismo y dificulta la empatía (frente a la interacción física), el Tinder se acaba usando de muy mala manera, y… en mi humilde opinión… no creo que jamás pueda ni deba sustituir al modo tradicional de buscar pareja. Hay casos de éxito, si. Pero son la excepción, no la norma. Ahora bien, si la herramienta recibiese un uso mucho más humano, y generase tanta confianza como para impulsar a las personas a pasar del plano virtual al físico con más rapidez, entonces creo que podría ser una herramienta muy potente para sacar a las personas fuera de casa. Hasta que eso ocurra, creo que es solo una excusa para quedarnos en nuestra zona de confort. Y por esto, creo que me la he borrado. Por último, solo deciros que es en México donde tengo más éxito superficial, en China donde menos, y que lo que he puesto del facebook revelando si usas tinder es una trola photoshoppeada que he colado porque me ha dado la gana.

Vivan los jabalís berrugosos.

 

[ES] Sobre las rayas de mi limón (12:39 28/11/2016)

Aquí va un post sobre mi puta cabeza. Empieza fuerte, y seguro que acaba fuerte también. Es lo que me sale ahora mismo, así que voy a dejarlo salir.

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Es frustrante estar en mi cabeza. Hay días que más, y días que menos. Últimamente me he estado produciendo muchísima ansiedad a mi mismo. Joder, no entiendo porque no puedo apagar mi cerebro ni un puto segundo y respirar. Yo hago analogías para entender las cosas, o para explicárselas a otros. Y tengo una que ilustra muy bien cómo funciono por dentro… Imaginad un ordenador. Ahora imaginad que lo único que queréis hacer en el ordenador es escribir un documento de Word. Muy fácil no? Abres el Word y fuera. Pues no es tan fácil, porque a tu ordenador le ha entrado un virus que provoca que todas las aplicaciones que tengas instaladas estén continuamente funcionando en paralelo. Es decir, que tu enciendes el Word, pero tu pantalla se llena de otras aplicaciones que no solo te impiden ver bien lo que haces en el Word, sino que ralentizan y colapsan el funcionamiento general del ordenador. Al final acabas desesperado porque no puedes trabajar, ni concentrarte, ni cerrar las aplicaciones que no dejan de abrirse, porque así de gilipollas es este virus. Y piensas… con todo el potencial que tiene este ordenador (dado que es capaz de correr todas las aplicaciones en paralelo), ¿no sería maravilloso si lo invirtiera todo en correr las aplicaciones de una en una?

Pues así es como creo que funciona mi cabeza. La gran diferencia es que ese virus no existe, sino que es parte de mi, algo que (intuyo) se ha desarrollado como un falso mecanismo de defensa. Algo con ‘intenciones puras y bondadosas’, algo casi paternal que cree cuidar de mi bienestar, pero que viene movido por el miedo, y que por tanto se equivoca en las formas – y seguramente en gran parte del contenido.

Inciso: cuando leo lo que escribo me dan arcadas mentales. Me enfada mucho ser esta persona y siempre tener estos pensamientos rondando mi cabeza. Que pesado soy joder. Me gustaría no ser ‘un rayao’, pero no puedo. Al menos de momento. Igual es esto precisamente lo que tengo que hacer para salir de mis dinámicas, verme reflejado en el texto y tomarmelo como un bofetón en la cara para despejarme y seguir avanzando. No se…

Me gusta el término ‘overthink’. No tenemos nada igual en Castellano, más que ser un rayado, pero ese término suena muy cutre y poco técnico. Overthink es básicamente pensar demasiado. ¿Por qué pensamos demasiado algunas personas? ¿Habéis visto el capítulo de Black Mirror en el cual la gente lleva un implante en el cerebro que les permite grabar toda su vida y volver a verla en una pantalla? En ese capítulo el protagonista empieza yendo a una entrevista de trabajo. Al salir, se dedica a rebobinar y comprobar obsesivamente la reacción de cada uno de los entrevistadores, y cada una de las veces que lo hace se ‘raya’ más tratando de interpretar lo que los demás estaban pensando de él. En cierto modo es normal que el tío se obsesione un poco, porque quiere/necesita el trabajo y TEME que no se lo den. Necesita asegurarse de que los entrevistadores le han percibido de forma positiva para sentirse más seguro. Pero por mucho que interprete, nunca dejarán de ser eso… interpretaciones suyas; interpretaciones basadas en su propia forma de ver el mundo y reaccionar a él. No son extrapolables. Pueden ser orientativas, pero nada más.

Aquí se puede incluir un factor muy curioso que altera completamente el resultado final de la ecuación: si el tío es muy positivo/optimista (tiene una concecepción elevada de sí mismo), va a darle el tono más positivo posible a su interpretación. Es decir, si un entrevistador se ha reído tras una respuesta que dió en cierto momento de la entrevista, al reflexionar sobre ello va a pensar que es porque le ha parecido gracioso y le ha caído muy bien. En cambio, si el tío es muy negativo, frente al mismo hecho va a reaccionar de forma totalmente opuesta; pensando que el otro se ha reído de él (que no con él) porque cree que es un idiota. También podría interpretar que el entrevistador se ha reido porque piensa que tiene voz de pito, o porque gesticula de forma muy rara, o porque… Ya me entendéis.

En mi propia ecuación mental está tanto el pensar demasiado como el ser extremadamente negativo en cuanto a mis interpretaciones (cuando estas recaen sobre mí). El resultado es que en mi cabeza se crea una historia – ficticia porque está creada a partir de mis propias interpretaciones – y extremadamente pesimista porque está modulada por la visión tan negativa/crítica que tengo de mi mismo. Lo jodido es que yo me cuento este tipo de historias todo el dia, historia tras historia, y baso mis decisiones y acciones en ellas. Igual este post no es más que eso, otra historia irrealmente negativa de mi mismo…

Ahora es distinto (a hace tiempo), porque soy consciente de ello, y trato de pararme y ver que historia me estoy contando a mi mismo cuando me viene un pensamiento malo, pero de lo que me doy cuenta también es que no soy plenamente consciente de algunas de las historias que me cuento, ni de la enorme cantidad de historias que me puedo haber contado en un solo día.

Mucho de esto se puede ver probablemente en mi forma de escribir. Seguramente hable de mí mismo de una forma mucho más negativa de la que se me percibe desde fuera. ¿Será suficiente con empezar a contarme historias diferentes, aunque no me las crea del todo, para empezar a cambiar la forma en la que me concibo a mí mismo? Suena a ‘cliché’ de película americana, pero yo que sé jaja. Bueno, creía que iba a terminar el post muy enfadando y diciendo palabrotas, pero me encuentro mejor.

Sobre expectativas… (11:41 05/10/2016)

He estado un poco reticente a escribir (como es obvio, ya que no escribo nada desde hace casi un mes), principalmente porque no sabía que iba a salir, y no encontraba las fuerzas para hacerlo. Pero hoy se han dado las circunstancias necesarias. Me gustaría poder decir que este post va a tener una estructura coherente, pero no puedo garantizar nada, ya que si algo ha caracterizado mi estado mental estas últimas semanas, es la desestructuración. Allá voy…

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Decidí montar en bici hacia la nada porque necesitaba escapar. Escapar y olvidar. Las relaciones humanas son jodidas. No creo que haya nadie que pueda negar ese dato. Hay relaciones de las que se aprende mucho, y otras de las que no se aprende tanto. Pero aprender mucho no significa que lo que se aprende (o se saca como conclusión de una relación) sea una conclusión acertada. Yo he mirado mucho fuera de mí al analizar relaciones pasadas, porque es menos aterrador, y muchas veces concluía cosas sobre mí que no eran ciertas, o que solo servían para tapar problemas más profundos. En mi última relación de pareja hice un esfuerzo enorme por mirar hacia dentro y entender por qué las cosas iban mal. Y eso me dejó muy descolocado, pero a su vez me hizo ver aspectos de mi persona sobre los que necesitaba trabajar, aspectos de los cuales no me había dado cuenta antes, y que no solo han influido en mis relaciones de pareja, sino que van mucho más allá, desde lo que busco en las personas hasta como me concibo a mí mismo. Y esa fue realmente la diferencia. Supongo que esto ha marcado un antes y un después.

Sentado en mi cama a finales de mayo, espalda contra la pared, recuerdo pensar en la persona que esperaba ser a mi vuelta del viaje. Recuerdo pensar que podría curarme si me lo planteaba bien. Soy una persona muy sensible, y me importa mucho lo que piensen las personas de mí. Tanto que la mayoría de las veces mi humor, mi autoestima y la concepción que tengo de mi mismo depende casi enteramente de los ‘estímulos sociales’ de aceptación o rechazo que haya percibido de mi entorno. No tengo porqué leerlo dos veces para saber que eso no es lo ideal. El caso es que, cuando uno se guía en la vida por lo que cree que los demás piensan de él, uno empieza a olvidarse de sí mismo, y se convierte en una especie de espectro indefinido, como una triste gota de pintura que se disuelve en un charco de lluvia. Yo quería dejar de ser así, porque queriendo agradar a todo el mundo, lo único que estaba haciendo es hacer daño a personas que me importan, y a mí mismo.

Entonces un día pensé: “¿qué puedo hacer para obligarme a interaccionar socialmente con personas, y que me enseñe a que me importe poco lo que piensen de mí? Y lo que se me ocurrió fue un viaje en bici de tres meses. Hacerlo solo me daría la oportunidad de empezar de cero, ser yo y no tener que darle explicaciones a nadie. También me daría la oportunidad de dejar que todos los sentimientos de tristeza, enfado y frustración que llevo embotellados brotasen en forma de llanto, gritos, y hachazos a árboles (con los cuales me disculparía luego por el daño causado). Viajar de forma continua, pasando tan solo una noche en cada lugar, me daría la oportunidad de ser un gilipollas con alguien si me daba la gana (o tener una disparidad de opiniones, o enfadarme, o decirle que algo no me gusta), y luego no ver a esa persona jamás. Y por último, completar una locura de viaje me daría un subidón a mi autoestima, porque todo el mundo comentaría lo loco que estoy y me elogiarían por haberlo completado. Al menos, así es como interpretaba yo que ocurrirían las cosas. Y sí, también hice este viaje porque quería conectar con la naturaleza, y dedicarle tiempo a pensar en sostenibilidad y en mi futuro, y hacer ejercicio. Pero ahora mismo no quiero hablar de ello.

Ahora que han pasado varias semanas desde que volví, y me ha dado tiempo a relajarme y coger un poco de perspectiva, quiero intentar analizar lo que ha pasado en este viaje, y entender por qué coño he vuelto más inseguro y con más ansiedad social de la que tenía cuando me fui.

Mi viaje ha sido tremendamente solitario. Salí con Alejandro, y  montamos juntos durante 4 días. Fue la hostia. Luego hice lo mismo con la francesa durante 3 días. Y por último con mi hermano la última semana. Good times, the best. Pero el resto estaba solo. Había días que no interaccionaba con nadie más que con la cajera del súper. Y gracias a Dios que escribía post, porque si no me hubiese vuelto loco del todo. Igual hay personas que pueden (o saben) estar en paz interior cuando están en silencio. Yo no. Mi cabeza es un sin fin de ideas y pensamientos. Es como si tuviese un clon en mi interior que se dedica a narrar cosas continuamente, es exasperante hasta niveles apoteósicos. Os pongo un ejemplo: estoy caminando y se me cae un boli al suelo. Cuando me agacho estoy pensando en hacerlo de forma que ‘quede bien’, como si fuese un actor de las películas y me está mirando medio mundo. En mi cabeza hay una voz que está juzgando como me agacho, como si fuese la voz de alguna de las personas que está caminando a mi lado. Como si esa persona (muchas veces, en mi cabeza, una chica) no tuviese otra cosa mejor que hacer que dedicarle 30 segundos a mirarme fijamente y analizar mi postura y como me muevo. Joder, suena a que estoy como las putas cabras.

Por algún motivo, esas narraciones mentales se quedan en un plano secundario cuando estoy haciendo muchas cosas en mi día a día, hablando con gente de cosas que me gustan (pero de uno en uno, que si no la liamos), haciendo deporte o viendo una serie (por eso estoy tan enganchado). En mi viaje no había series, el deporte era monótono y no requería de mi atención activa, y había pocas personas con las que hablar. En consecuencia, empecé a escuchar a mi voz interna, que cada vez me hablaba en un tono más alto, más imperativo, más insistente. Es curioso porque en un principio me resultó muy útil escucharla; en cierto modo me hacía ver aquellas cosas sobre las que tenía que trabajar más a nivel personal. Pero a la larga, tras horas y horas de soledad, esos monólogos internos que se repetían en bucle como pensamientos obsesivos se convirtieron en diálogos, y me encontraba hablando solo dentro de mi cabeza, luchando activamente contra mi voz interna mediante la creación de otra voz nueva. Aquí un dato interesante para los curiosos: cuando escuchaba música, en vez de tener uno o dos pensamientos que se repetían de forma continua, mis pensamientos iban transicionando en función del tono emocional de las canciones, como si mis pensamientos tuviesen que ir en la misma frecuencia de onda de la canción que estaba escuchando en ese momento. Era más llevadero. Interesante, ¿verdad?

Si mi voz interna me dijese “tío eres la hostia” o “mira lo inteligente que eres que tienes una carrera en biotecnología, un master, coordinas una ONG y quieres montar tu propio centro de innovación” o “joder Pablo, que guapo eres y que bueno estas, tanto ejercicio da sus frutos” o “tu empatía con el mundo y tus ganas de luchar por un mundo mejor te hacen una persona súper valiosa y especial”, pues este post tendría otro título (tal que: Sobre la arrogancia profunda…). Pero mi voz interna no es tan maja. Es bastante cabrona, crítica y recalcitrante. Haberla escuchado tanto no ha sido bueno para mi. Ha ganado terreno, y por eso creo que me siento peor.

Pero no todo es malo. Como ya dije en el post sobre la ‘experiencioterapia’, las reflexiones que hice mientras viajaba me ayudaron a pensar en la forma de combatir mis demonios. Por eso, este viernes 7 de octubre empiezo una de las cosas que más me aterra en esta vida, clases de teatro. Si, dije que haría clases de baile, pero el teatro creo que es un reto todavía mayor para mí (y no tengo dinero para hacer ambas). Dos horas a la semana. Porque en esta vida hay que salirse de nuestra zona de confort. Todo menos rendirse. 🙂

 

[ES] Sobre racismo, y la diferencia entre culpa y responsabilidad (8:45 04/09/2016)

El tema sobre el que quiero hablar hoy es un tema muy delicado, y con el cual es muy fácil ser políticamente incorrecto, ofender a alguien o dar una impresión equivocada . Por ello, voy a poner mucho esfuerzo en pulir el texto y matizar siempre que considere necesario, porque no quiero que haya ningún malentendido. Si lo hay, pido que se me pida aclarar algo antes de juzgarme de cualquier modo. Gracias.
Quiero hablar de racismo, de lo que es, de porqué ocurre (biológicamente hablando), de cómo nos afecta, y de mi historia personal con este tema, la cual me ha dado mucho que pensar en este último mes de nomadiamo ciclista.
Me gustaría empezar relatando brevemente la interacción que he tenido a lo largo de mi vida con culturas y personas de clase económica distintas a la mía. En concreto, con personas de piel blanca provenientes de una clase económica media-alta. Lo quiero hacer porque considero que es relevante incluir esta información en el análisis que voy a hacer sobre este tema más adelante en el texto, y porque es necesario recrear mi pasado para entender la gestión que hago de la realidad en el presente.
Yo he vivido prácticamente toda mi vida (por lo menos mi vida consciente) en Pozuelo, un pueblo a 13 kilómetros a las afueras de Madrid centro. Y dentro de Pozuelo, en Prado de Somosaguas, que es una zona de urbanizaciones donde vive gente de clase media-alta (y, en ocasiones, muy alta). Menciono esto porque, a diferencia de otras zonas de Madrid o de España, Pozuelo es un lugar en el cual la multiculturalidad es muy baja. Es decir, que en mi vida diaria, y en lo que respecta a mi hogar y alrededores, he tenido poca interacción con personas de otras culturas. Esto contrasta fuertemente con la interacción social que tuve durante mis años en el Colegio Americano de Madrid (desde los 4 hasta los 13 años), en el cual el mix cultural era notable, y muy muy enriquecedor. Sin embargo, eso se acabó cuando me cambié al colegio Estudio, donde la multiculturalidad bajó notablemente.
Al acabar el bachillerato tuve mi primera experiencia de voluntariado en Burkina Faso junto a mi madre, la cual lleva viajando desde hace años a Burkina/Etiopía/India para colaborar en diversas campañas oftalmológicas. Mi siguiente interacción con el continente Africano vino 5 años después, al acabar la carrera, cuando me fui a Ghana a colaborar con una ONG local que trabaja para acabar con el maltrato infantil (www.evangghana.org). Desde entonces he estado en Ghana otras 4 veces, siempre en apoyo a la iniciativa de esta ONG.

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En lo que respecta a mi educación, jamás recuerdo haber sido influenciado (ni en el colegio ni en el hogar) para pensar que unas personas puedan ser superiores o inferiores a otras basado en el tono de su piel, la zona del mundo de la que provengan o el dinero que tengan en los bolsillos. Sin embargo, a uno no solo le educan sus padres y profesores, sino que uno también se educa a través de otras fuentes de información; en este caso, me refiero a la televisión, donde incluyo películas, series, publicidad y noticias.
Pues bien, llevo queriendo hablar de este tema unas semanas ya, porque desde que puse pié en la primera gran ciudad francesa (Burdeos), me percaté de un sentimiento en mi, de un prejuicio, con el cual no me identifico pero que no puedo ignorar. Como he mencionado en posts anteriores, hay que ver los sentimientos no como buenos o malos, sino como informativos, y aunque sé que los sentimientos que vienen suscitados por prejuicios los solemos calificar rápidamente como malos, os voy a pedir que hagamos el esfuerzo de mantenernos abiertos y analizar sobre qué nos están informando exactamente, de dónde vienen, y que se debe hacer con ellos. Se que estoy siendo un poco misterioso en cuanto a los sentimientos a los que me refiero, de modo que voy a ser más especifico…
Como sabéis, durante mi viaje he dormido en mi tienda de campaña la gran mayoría de las noches, y ésta la he tenido que poner en parques, en la playa, en un skatepark, detrás de supermercados, en medio de rotondas, en jardines, y en algún que otro edificio abandonado. En ocasiones, me he encontrado merodeando calles oscuras a media noche sin ser capaz de encontrar un lugar donde dormir y, sobre todo al principio, algo de miedito si me daba. Este miedo era notablemente mayor en las grandes ciudades, donde las diferencias socio-económicas eran mucho mayores y más palpables, y aquí es donde viene la clave; me producía mayor miedo estar merodeando por las calles y cruzarme a personas de culturas lejanas a la occidental, cómo por ejemplo a personas de origen Africano o Árabe, que a europeos blancos. Juzgar a las personas de este modo no me gusta nada en absoluto. No estoy de acuerdo con ello, pero sin embargo, lo he hecho. Repetidas veces. Me molesta mucho porque quiere decir que a un nivel basal, biológico e instinctivo, tengo un mecanismo de defensa que hace que me salte la alarma ante distintas personas en función de la ropa que lleven, la música que escuchen y el grado de pigmentación de su piel. Esto contrasta mucho con mi pensamiento racional, a través del cual yo defiendo que, pese a las diferencias superficiales evidentes entre las personas de distintas etnias, la esencia humana es la misma y es la cultura en la que crecemos y la educación que recibimos lo que dicta cómo somos como personas. Entonces, ¿soy racista?
Se entiende como racismo la defensa de la superioridad de un grupo étnico sobre el resto. En antropología, el término raza (humana) se refería a grupos en que se subdividen los seres humanos de acuerdo con diversos sistemas de clasificación usados especialmente entre los siglos XVIII y mediados del XX. Estos sistemas incluían pigmentación de la piel, pigmentación del cabello y los ojos, prognatismo, forma de la nariz, etc. En general, criterios muy superficiales. Hablo en pasado porque el término ‘raza’ se ha ido dejando de utilizar progresivamente y ha sido sustituido por el de ‘étnia’, el cual proviene del griego “ethnos” que significa pueblo o nación. Por tanto, mientras raza se refiere a características fenotípicas, etnicidad se refiere a cultura, y específicamente a diferencias culturales.
Como decía, los sentimientos no son buenos ni malos, sino informativos, y a mi el sentimiento de miedo e inseguridad que me producen instintivamente ciertas personas me está informando de que, en algún lugar de mi cabeza, y pese a lo mucho que he trabajado con personas de diversas culturas durante estos últimos años, hay una asociación subconsciente entre fenotipo (rasgo superficial) y peligrosidad. En cierto modo, nuestro instinto biológico de supervivencia es algo que, por si solo, analiza el mundo y nos ayuda a evitar el peligro cuando existe la posibilidad, por remota que sea, de encontrarnos con él. Nos hace la tarea de sobrevivir más eficiente. Eso son los prejuicios, un mecanismo psicológico que nos ayuda a mantenernos alejados del peligro mediante una generalización de la fuente de este. Por ejemplo, si durante nuestra vida nos encontramos repetidas veces con raperos que son maleducados y violentos (o nos repiten una y otra vez que los raperos son maleducados y violentos), sentiremos cierta aversión instintiva hacia cualquier rapero, aunque al final resultase que era un rapero hippi del evangelio.
Yo creo que las personas no somos culpables de sentirnos de un modo u otro, de tal modo que uno no se debe sentir culpable si no le gusta el pollo frito, o si evita a raperos de forma instinctiva, ya que hay muchos factores que han moldeado nuestra forma de sentir, pero sí somos responsables de la gestión de esos sentimientos. De este modo, si al que le viene un sentimiento de inseguridad o aversión al ver un rapero sabe que, en el fondo, no todos los raperos del planeta son mala gente, debe hacer un esfuerzo por no discriminar a una persona sólo porque sea rapero/a, y darle las mismas oportunidades que le daría a alguien que no sea rapero/a. Es responsable de hacer ese esfuerzo, y aunque no puede ser culpabilizada por sentir aversión hacia los raperos en general, sí puede ser juzgada por cómo actúa al encontrarse con uno/a.
Yo, si os soy sincero, creo ese miedo que he sentido y con el que no me gusta identificarme, está causado por dos motivos:
1. La realidad en la que he vivido. Por mucho que a nivel teórico haya sido de aceptación e integración, a nivel práctico he compartido mi vida diaria (adulta) muy poco con personas de otras culturas. Y cuando lo he hecho, no ha sido en un ámbito multicultural, sino más bien en núcleos donde yo era el extraño (Ghana o Burkina). De esto no me hubiera dado cuenta si no hubiese caminado por grandes ciudades francesas como Burdeos, Orleans o París, en las cuales he visto mucha mayor multiculturalidad de la que he visto jamás en Madrid.
2. La televisión. No se vosotros, pero yo habré visto miles de películas en las cuales son los negros gangsters del ghetto los que arman todo el lío, son los malos más malos y a los que hay que temer. Esto es igual que en el ejemplo de los raperos; si tus padres te repiten toda la vida que los raperos son maleducados y violentos, estarás predispuesto a pensar de ese modo. Pues esto es igual. De forma subconsciente, se nos ha repetido demasiadas veces a través de la TV que ciertas personas son de un modo, y ante la falta de más información (por no haberlos conocido realmente), es en base a esas enseñanzas que los juzgamos.
No soy antropólogo, sociólogo ni psicólogo, y no puedo profundizar mucho más en este tema sin pasarme de listo, de modo que lo voy a dejar aquí. Mi intención con este post era aclarar un sentimiento que me tenía confundido, y el cual puede que sintáis algunos de vosotros, por el cuale no os debéis sentir culpables (ya que somos producto de muchos estímulos que se escapan a nuestro control), pero si responsables de cómo actuéis ante ello.
Hakuna matata…

[ES] Sin asertividad, estamos todos puteaux (19:18 31/08/2016)

Dado que somos seres sociales, y que nuestra vida está completamente determinada por nuestra capacidad para comunicarnos con el resto, sería de esperar que en el colegio, además de mates, lengua, historia, etc., se nos enseñase a gestionar las emociones correctamente y a comunicarnos de forma sana y efectiva con aquellos que nos rodean. Es mas, eso debería ser una porción notable del curriculum. Igual el sistema educativo ha imagecambiado mucho desde que yo era alumno, pero yo no recuerdo jamás una clase sobre inteligencia emocional, ni sobre formas de comunicación. Y si las hubo, debieron ser tan pésimas y aburridas que ni me acuerdo. Y ¿qué pasa? Pues que uno no es parido al mundo con la capacidad de comunicarse perfectamente con las personas, uno aprende distintos patrones de comunicación a medida que se desarrolla en sus círculos sociales. Y si nadie te enseña explícitamente patrones de comunicación sanos (para empezar porque la gente no suele saber qué implica una correcta comunicación de las emociones – porque las mates, la lengua y la historia son oooobviamente mucho más importantes que esa mierda), lo aprendes a hostias a lo largo de un camino de sufrimiento en el cual no solo te descuartizas mentalmente tu, sino que descuartizas a los que te rodean. Y hasta que uno no se da la hostia suprema y se te arranca la mitad de la cara, a veces no te paras a reflexionar sobre estos temas (o no lo haces tan a fondo como deberías). Por si no os habíais dado cuenta, estoy hablando desde mi experiencia propia. Por eso hay tanta rabia en mis palabras.image

Yo doy mucha pena comunicándome. No hablo de que sea disléxico, ni de que no sepa pronunciar palabras. Hablo de la capacidad de exteriorizar de forma sana lo que me ocurre internamente. Esto es especialmente notable en situaciones de conflicto (tanto real como potencial). Es como si me hubiesen arrancado la parte del cerebro que se encarga de conectar lo que siento, quiero y deseo, con la que se encarga de expresarlo. El caso es que, como forma de trabajar sobre estas embolias psicológicas mías, mi querida psicóloga me sugirió que me informase sobre la asertividad, un término para mí desconocido hasta entonces, y dado el enorme valor que vi en ello, he decido que necesito compartirlo para que a otros embólicos mentales os sirva de ayuda también.
¿Qué es la asertividad?
Pues para entender bien el concepto, primero hay que hablar de ciertas cosas; entre ellas, los sentimientos y las tres formas básicas de comunicación. Voy con lo primero: los sentimientos y las emociones. Para empezar, me gustaría destacar el hecho de que, en nuestra sociedad, se nos enseña a no sentir. Y si eres un tío, más. Parece que lo que hay que hacer es avanzar en la vida, y que los sentimientos que esta te suscita (sobre todo si son tirando hacia la tristeza, el miedo, los celos, la soledad, etc.) te los tienes que tragar. Se un hombre y déjate de mariconadas! Ya me entendéis. El resultado final es una deficiente comprensión de la variedad de emociones que uno puede sentir. Si te vas al diccionario, verás que hay muchísimos sentimientos posibles, pero a efectos prácticos nosotros estamos acostumbrados a reconocer muy pocos. Y cuando la vida corre muy deprisa, o estás bien o estás mal. Y si estás mal, te das un paseo. Punto.
Como si esto no fuese suficiente, emitimos juicios morales ante distintos sentimientos, de modo que sentirse de un modo u otro hacia algo o alguien (y reaccionar de forma acorde a ese sentimiento) puede ser categorizado como ‘bueno’ o ‘malo’, en función del contexto cultural en el que te muevas. No solo por los demas, sino también por el que siente el sentimiento. Esto da como resultado personas a las que les cuesta ser sinceros emocionalmente, porque temen desencadenar reacciones negativas por parte de aquellos que puedan emitir juicios de valor sobre su forma de sentir. Ya lo he mencionado en un post anterior, y lo volveré a repetir porque me gusta mucho: los sentimientos no son ni buenos ni malos, son informativos. En otras palabras, los sentimientos son la forma sana y natural que tiene cada uno de determinar sus límites personales, y de guiarnos hacia lo que más nos satisface/gusta/hace felices. Sentirse cabreado por algo que alguien te haya dicho no es malo. Ahora bien, tu forma de reaccionar ante ese cabreo si puede ser mala (si por ejemplo le abres la cabeza con la mesa de planchar).

Un claro ejemplo de todo esto sería el chaval de 12 años al que le gusta el rosa, pero que no se viste de rosa porque, culturalmente, el rosa está asociado a las chicas, y sabe que si lo hace va a ser ridiculizado en clase. Al chico le gusta el rosa, pero ese sentimiento de atracción hacia el color se lo tiene que guardar. A menos que tenga mucha personalidad y vaya marcando tendencia claro. Pero si no hubiese una asociación entre ese sentimiento de atracción por el color rosa y la connotación negativa que se le da en este caso, ese sentimiento no quedaría reprimido. Es curioso porque esto que digo del rosa, en Ghana no existe, y ves a chavales con una camiseta rosa de Hello Kitty y a nadie le importa una mierda. Es todo cultural.
Uno de los mayores problemas del ‘estreñimiento emocional’ (de que las emociones no fluyan libremente, sea por el motivo que sea), es que se pudren en nuestro interior. Esto es especialmente notable en lo que respecta a las emociones de carácter negativo, como el dolor, la envidia, la frustración, el engaño, el rechazo, la humillación y la ignorancia. Estas, si no se expresan y quedan guardadas en nuestro interior, se convierten en enfado, y este, a la larga, en depresión. Para entender porqué, conviene introducir un término clave: la homeostasis.

imageLa homeostasis se refiere al equilibrio del cuerpo. Normalmente se suele emplear en biología, hablando de un equilibrio físico, pero aquí vamos a hablar de ello con respecto al equilibrio emocional. De este modo, cuando la mente está tranquila, podemos decir que está en un estado de homeostasis. Sin embargo, un suceso cualquiera rompe ese estado de equilibrio, ya que suscita en nosotros un pensamiento y un sentimiento que nos desplazan fuera de él. Es cuando reaccionamos de forma apropiada a ese sentimiento que recuperamos la homeostasis. Si no lo hacemos, pues no.
Habitualmente no reaccionamos adecuadamente, sino que embotellamos el sentimiento, el cual pasa a convertirse en un síntoma somático (un dolor de cabeza, de estómago, etc.). PD: el cuerpo y la mente están conectados, mucho más de lo que algunos escépticos pensamos. Otras veces, canalizamos el sentimiento, pero hacia una o unas personas que no son culpables de lo que hemos sentido. Aquí un típico ejemplo es el del padre (o la madre) de familia que se tira todo el día guardándose el estrés del trabajo, siendo majo con los clientes que odia profundamente, y gimoteando insultos hacia su jefe al cual no soporta, y lo acaba vomitando todo sobre su mujer/marido e hijos, simplemente porque es con ellos con quien siente que puede expresar estos sentimientos de forma segura. Desgraciadamente en estas situaciones, se acaba faltando al respeto a quien más se debería respetar.

Entonces, ¿qué es la asertividad? Pues la asertividad es un tipo/estilo de comunicación que se basa en proteger nuestros límites personales sin herir los sentimientos de aquellos con quien nos comunicamos. Vamos, que es como una fórmula para ser muy francos y respetuosos a la vez, tanto con nosotros mismos como con los demás. Por tanto, está claro que para ser asertivo, primero hay que saber escuchar a nuestro lado emocional. Punto para recordar.
Existen tres tipos de comunicación:

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1) Comunicación agresiva. Este tipo de comunicación es la de un padre crítico: es autoritaria y, podría decirse, falta de filtros. Las personas que se comunican de este modo suelen atacar a la persona directamente en vez de a la acción que han realizado (e.g. “Eres estúpido por haber dejado el fuego encendido!” en vez de “Dejar el fuego encendido ha sido una estupidez!” GRAN DIFERENCIA!), pudiendo llegar a ser violentas verbalmente (emplean insultos). La comunicación agresiva suele desencadenar peleas y confrontaciones.

2) Comunicación pasivo-agresiva. Es una comunicación característica de los niños, la cual destaca por una evasión de posibles confrontaciones. En esencia, el que se comunica de forma pasivo-agresiva es deshonesto en lo que dice, indirecto, emplea herramientas como el sarcasmo y, en definitiva, busca manipular a la otra persona para que acabe siendo esta la que cambie de opinión o ceda ante una disputa (mediante el uso de fórmulas como “haces que me sienta…”). Me voy a detener aquí, porque este es mi tipo de comunicación y lo odio profundamente. Yo soy muy pasivo-agresivo, y viene de que no me gusta herir a las personas. Y eso a su vez viene de que pienso que si hiero a las personas me van a rechazar. De modo que en realidad es puro egoísmo y miedo al rechazo, y no se hasta que punto son los sentimientos de la otra persona los que me importan. Me gustaría pensar que soy buena gente y que lo que me importa más son los sentimientos ajenos, pero hay veces que lo dudo. Supongo que tengo que explorarlo más. El caso es que, en mí, este tipo de comunicación es un mecanismo de defensa que se produce de forma instintiva, y muchas veces no me doy ni cuenta de lo que está pasando. Hace falta mucha introspección y autocrítica para darse cuenta, pero creo que es un estilo comunicativo bastante común y el cual hace sufrir bastante (porque de no quejarme de las cosas acabo sufriendo yo, y volviendo locos a los demás). Pero bueno, de aquí pa lante.

3) Comunicación asertiva. Esta es la que mas mola. Es un comunicación abierta, honesta, directa y de igual a igual. El objetivo del que se comunica es informar a la otra persona sobre como el o ella se siente y piensa, y de ese modo respetar sus límites personales, defender su posición, y no faltar al respeto a nadie. Se minimiza el riesgo de herir a las personas. Por eso me gusta tanto la asertividad. Pura crema.
Para comunicarnos de forma asertiva, es importante empezar las frases con “Yo me siento/Yo necesito/Yo quiero/Yo ienso…”. Ese “yo” es muy importante, porque hace ver que eres tú el que controla como te sientes, y no los demás. Me explico; con frecuencia se nos dice que son los demás los que nos hacen sentir de un modo u otro, pero esto no es cierto. Soy yo el que, debido a mi autoestima, mi humor, el día que llevo y mi sensibilidad ante las cosas, determina cómo me voy a tomar un comentario. De modo que un comentario que iba ‘de buen rollo’ me puede sentar como una patada en el culo porque lo he malinterpretado, y antes de culpabilizar a esa persona por ser una desgraciada sin sentimientos, es importante informarla de que ese comentario me ha sentado mal A MI.
Existen 4 partes a tener en cuenta cuando nos comunicamos de forma asertiva con los demás:
1.- El contenido y la estructura. Esto es todo lo que hemos hablado en este último punto.
2.- El lenguaje no verbal. No se puede ser asertivo si estas enchepado y actuando como una nutria atormentada. Tampoco si te subes a una silla para estar más alto que la otra persona. Se trata de estar en una postura de respeto e igualdad, tanto por el otro como por uno mismo.
3.- Contacto visual. Esto no tiene mucho misterio; simplemente mantener un buen contacto visual, pero tampoco penetrarle a la otra persona con tu mirada hasta que se le derritan las córneas. Un equilibrio, como siempre.
4. Tono de voz. Este es obvio; ni muy bajito y suave, porque por muy bien formulada tu frase, va a sonar a comunicación pasiva, ni muy alto porque se vuelve comunicación agresiva.

Conseguir combinar estas cuatro partes a la perfección no es fácil, y requiere su práctica. Sin embargo, existe una estrategia muy útil para ello y es la de olvidarse un poco de lo que piense la otra persona de nosotros. En mi caso, este es un punto clave ;). A mi, ser asertivo me cuesta mucho, pero estoy trabajando duro para serlo. Me gustaría que cada uno de vosotros hagáis un ejercicio de introspección e identifiquéis qué estilo de comunicación es el que os caracteriza más. Luego, si os apetece, me lo comentáis, y así me siento más acompañado en mis embolias mentales jaja.
Vayan con Dios amigos!

[ES] Mini-post. Experiencioterapia, o como des-joderte mentalmente mediante experiencias vitales (20:38 29/08/2016)

Para que camine hacia un desconocido y le pida ayuda para llegar al McDonalds más cercano han tenido que darse las siguientes circunstancias:
– Estoy solo en una ciudad cerca de París, pero desde la cual no se llegar a París a menos que coja la autopista.
– Se me ha agotado la batería del iPad y el móvil, y mi batería portatil está a cero.
– No hay sol, con lo cual mi panel solar no vale para nada.
– He mirado todos los mapas de todas las paradas de bus de la ciudad y ninguno me indica un McDonalds.
– He ido a centros comerciales, a la bilbioteca y al centro cultural para cargar el iPad y encontrar la dirección, pero todos estaban cerrados.
– Estoy agotado, me duele la rodilla bastante pese al ibuprofeno, los cuadriceps me arden, hace frío y está empezando a llover.
– Se está haciendo de noche y es un barrio turbio en el cual no encuentro lugar donde dormir, para variar.

Hasta que no ha ocurrido todo esto y no he caido rendido ante la imposibilidad de encontrar el McDonalds por mi cuenta no he sido capaz de pedir ayuda. A esto lo llamo yo experiencioterapia (y ser bastante cabezota).
El término me lo he inventado yo, aunque igual se usa y no lo se. En concreto, yo defino la experiencioterapia como una terapia personal basada en sobrevivir o superar una experiencia/prueba durante la cual vas a tener que enfrentarte si o si a aquello que no te gusta de tí o a algún miedo profundo. Es como si tienes pánico a ir rápido en la bici, y para superarlo le quitas los frenos, se los das de comer a tu perro, te subes a lo alto de una cuesta bien de empinada y larga, y te lanzas. Una vez que comienza el descenso, no te queda otra que superar tu miedo. Eso, o te tiras de la bici y te abres el cráneo.

imageEn la experiencioterapia, uno debe primero diseñar la prueba teniendo en cuenta qué es aquello que quiere superar, y luego debe sacar el coraje para ponerse en lo alto de esa bajada aterradora. Es realmente el ponerse en esa situación de no retorno lo que requiere de mayor valentía. Lo que viene luego es solo supervivencia, es instintivo. O lo superas, o la palmas.
Yo me he lanzado a este viaje por muchos motivos. Uno de ellos era el de recuperar la motivación por seguir luchando por lo que creo, que tras estos ultimos meses había quedado algo chafada. Pero otro era el de superar cosas como la anterior; la de pedir ayuda. Y la de forzarme a interaccionar socialmente.
Y ¿qué ha pasado? Pues que lo he hecho un poco a medias, porque en la preparación de la experiencioterapia (que difícil es pronunciar esto jostras!), no le he echado los cojones suficientes y me he asegurado el dinero y la tecnología necesarios para casi no tener que pedir ayuda para nada. Sí, estoy sufriendo como un cerdo, durmiendo en la más absoluta miseria detrás de contenedores, pero podía haber sido más. Es como si, en el ejemplo anterior de la bici, te tiras por la cuesta pero has dejado los frenos traseros puestos. Pues por mucho valor que le eches, al cerebro no le gusta sufrir innecesariamente, y vas a acabar frenando cuando llegues a tus límites. La experiencioterapia se trata de romper esos límites, de hundirles el cráneo de un batazo.
Se podría decir entonces que mi experiencioterapia la he diluido un poco respecto a lo que podría haber sido. Pero pese a ello, he sacado y sigo sacando conclusiones muy positivas, y la experiencia me está ayudando a otener resultados en los que ni si quiera había pensado al principio. Uno de ellos es indicarme las experiencias que debo afrontar después de esta (como apuntarme a clases de baile… Shit!).
Os animo a que diseñéis y os sometáis a vuestras propias experiencioterapias. Hay que echarle un par, sobre todo si se hace bien, pero merece la pena. Nunca en esta vida vamos a ser utópicamente óptimos, y hay que aceptar que el trabajo que hacemos sobre nosotros mismos es algo que vamos a tener que mantener constante hasta los 70, cuando ya nos importe todo un carajo y nos volvamos unos viejos verdes. Pero por ahora, hay muchos retos que superar, y muchas cuestas que bajar sin frenos.
Nota: Llevar casco en la bajada no es hacer trampa, porque más despacio no te va a hacer ir, y si te empotras contra una farola a 50km/h, el cráneo te lo abres igual. 😉

[ES] Diario de un gilipuertas: sobre perderlo todo, la motivación, y la importancia de las reflexiones bucólicas20:34 25/08/2016)

¿Os he contado la vez que me dejé mi portatil con un disco duro extraible sobre el capó del coche, y me fuí a casa con ello ahí encima (hasta que salió volando en una rotonda)? También lo hice con una bandeja de pollo, que se desparramó sobre un paso de peatones al parar en el semáforo, y con mi tarta de cumpleaños de este año, una tarta gigante de queso y frambuesa que le costó a mis amigos 20 euros, y que acabó explotada en el suelo tras ovidármela… ¿Adivináis dónde?… Sobre el capó del coche. Me olvido cosas en sitios. Es como una enfermedad mental muy jodida. En tan solo 21 dias de viaje que llevo, he perdido mi sudadera/almohada, mis vaqueros y unicos pantalones de no-mendigo, unos calzoncillos, un par de calcetines, mi cantimplora, mi cubierta de la tienda y todos los clavos, y esta mañana… mi esterilla hinchable. Todo, por gilipuertas. Me daría una auto-patada en las pelotas (que es difícil, pero posible), pero creo que solo agravaría las cosas. Para colmo de todo, he elegido para la noche de hoy el que debe ser el suelo mas deforme que hay en todo Francia; una especie de comedero de vacas con tierra seca debajo de la paja y agujeros del tamaño de mi puño cada 50 centímetros. Me voy a levantar como un vomitao, y lo voy a flipar mañana. Solo por la gracia, cuando me levante voy a poner una nota al final de este post diciendo como he dormido. Señor dame fuerzas.

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Si en la foto de arriba veis a una rubia haciendo la cena, es bueno, porque significa que no se me esta yendo la olla del todo ni me estoy empezando a crear amigos imaginarios. Os hablaré de ella y de estos días en el siguiente post. En el de esta noche quiero centrarme en otro tema. Un tema que me parece sumamente importante.

Cuando voy en bici, pienso un huevo; dejo que mis pensamientos fluyan como el ketchup en el McDonalds, y aquello que fluye y refluye es de lo que suelo hablar por aquí. Así de sencillo. El concepto de motivación me ronda mucho la cabeza, sobre todo desde que entendí realmente lo que significa e implica (lo estudié a fondo en el master de Creatividad e Innovación). A demás, a raíz de él se pueden hacer mogollón de disertaciones bucólicas interesantes, pero primero os voy a meter teoría, que si no no os enteráis de nada. Luego bucolizamos.

La motivación no es “estoy motivao” o “estoy desmotivao”. La motivación, a nivel psicológico, es mucho más compleja, y para entenderla tenemos que dividirla en dos, como los palillos chinos. Existe la motivación intrínseca y la extrínseca. La motivación intrínseca es aquella que viene ‘de dentro’ y la extrinseca viene ‘de fuera’. Esto, a fuego se os tiene que quedar. ¿Y qué quiere decir? Pues muy sencillo, os lo voy a explicar con un ejemplo…
Imaginad un laberinto gigante, ¿vale? Ese laberinto tiene una entrada y una salida. A la entrada tenemos a Clitus y a Piedrel, y a la salida tenemos un bote de alubias con chorizo. Clitus está intrínsecamente motivado para hacer el laberinto, y Piedrel lo esta extrínsecamente. Esto, lo que implica, es que Clitus va a explorar el laberinto porque es lo que le mola (siente motivacion por la actividad en sí), y no va a centrarse únicamente en encontrar la forma más rápida de llegar a las alubias, sino que se va a tomar su tiempo, va a recorrerlo entero, encontrar los conguitos ocultos en uno de los pasadizos, y al final llegar al bote. A Piedrel, por otro lado, le importa un carajo el laberinto; él lo que quiere son las alubias (siente motivación por la recompensa). Es más, si le dices que al final no hay alubias, ni se mete en el laberinto. Pero si le dices que hay dos botes de alubias y no uno, se emociona todavía más y hace el laberinto lo más rápido posible. Con tres botes de alubias, lo cruza en linea recta reventando las paredes, aunque eso suponga saltarse las reglas del juego. Al final, tanto Clitus como Piedrel encuentran la salida del laberinto, pero tanto lo que han descubierto uno y otro por el camino, como lo que han disfrutado y tardado en encontrar la salida es muy distinto.

Todos, en algun momento de nuestras vidas y frente a distintas situaciones, hemos sido Clitus o Piedrel. A veces, hemos sido un poco de ambos. Es importante entender que TODOS tenemos algo en esta vida hacia lo que sentimos una motivación intrínseca; todos tenemos un laberinto en el cuál no nos importaría perdernos durante días, independientemente de lo que haya a la salida, si es que hay algo. Pero no todos hemos encontrado ese laberinto; bien porque no hemos vivido suficientes experiencias diversas para descubrirlo en nosotros, o bien porque la vida no nos ha dado la oportunidad de hacerlo. A ver, para que nos aclaremos por si estoy dando una explicación de lo mas disléxica: cuando hablo de motivación intrínseca hablo de pasiones, y cuando hablo de extrínsecas hablo de recompensas y castigos (dinero, fama, un sopapo, etc.). Aquí podría meterme a hablar extensamente sobre la relación entre la creatividad y la motivación, pero solo voy a dar una pincelada por si a alguien le interesa.

Hay una relación directamente proporcional entre motivación intrínseca y creatividad, pero no entre extrínseca y creatividad, lo que implica que por más dinero que le ofrezcas a un trabajador al que no le motiva de forma intrínseca el trabajo, no va a devolver resultados más creativos. Esto es muy importante porque quiere decir que si eres jefe y quieres que tus empleados devuelvan resultados creativos, lo que tienes que hacer es encontrar a personas tan intrinsecamente motivadas por la tarea que casi lo harían de gratis. Si te empeñas en motivar a desmotivados (intrinsecos), no va a funcionar. Van a querer cruzar el laberinto en linea recta, y la creatividad consiste en tomar las divergentes. Aquí podría citar una infinidad de artículos sobre este tema. Si a alguien le interesa mucho (y os debería interesar porque la creatividad es importantísima para todo, y en todos los trabajos), que me lo diga o busque las publicaciones de Theresa Amabile.

Pues bien, aquí es donde me froto las manos y sonrío vilmente en mi mierda de tienda de campaña con agujeros y arañas, porque voy a empezar a divagar. Ahí va. El mundo se mueve, en gran medida, por motivaciones extrínsecas. Esto seguro que no es algo nuevo para vuestros oídos, pero como la situación en nuestra sociedad no mejora, me veo obligado a hablar sobre ello. Si os fijais, lo mas jodido que hace la especie humana, que a su vez es lo mas notable, viene movido por el dinero y/o el poder. Ambas cosas son motivaciones extrínsecas. Y ¿porqué? ¿Porqué nos movemos por motivaciones extrínsecas, cuando las intrínsecas nos satisfacen a un nivel mucho mas real y profundo? Pues por miedo e inseguridad. Por tanto, se podría decir que, en cierto modo, todo lo jodido del mundo esta movido por el miedo. A ver, vamos a empezar por el principio…

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Los dinosaurios!! No. Los niños. De niño es muy facil saber lo que te motiva de forma intrínseca. A mi me motivaban intrínsecamente los bichos, las ballenas y los delfines. Podía tirarme horas observandolos y aprendiendo sobre ellos, y no necesitaba que nadie estuviese detrás mío poniendome premios si lo hacía, o castigos si dejaba de hacerlo. Probablemente sabía más de estos temas que ningún otro niño. Puro friki. En cambio, aprenderme los ríos de España me producía cancer cerebral con metastasis. Ahí, o la motivación extrínseca era muy grande, o no había manera. A medida que nos hacemos adultos en nuestro sistema educativo (y en nuestra sociedad), vamos perdiendo la noción de lo que nos motiva intrínsecamente porque en el colegio nos oprimen con aquello que no lo hace. Y se comienzan a valorar más las motivaciones extrínsecas (las notas) que las intrínsecas (que te guste pintar, hacer algun deporte en concreto, leer novelas de ciencia ficción o hacer los mejores aviones de papel del mundo mundial). Cada una de esas cosas que se nos menospreciaban, o que simplemente comenzaban a diluirse entre lo demás, era uno de esos laberintos en los que nos podríamos perder hasta el infinito, algo en lo que destacaríamos por ser los mejores (pese a que nos diese igual no serlo, porque no es lo importante), por hacerlo con pasión, y por sentirnos orgullosos de nosotros mismos. Que desconectemos de nuestros laberintos internos es una autentica pena. Y cuando se llega al bachillerato, se jode todo a mas no poder.
La selectividad (o la fiesta de ese verano antes de la uni) es la mayor de las motivaciones extrínsecas que uno puede tener. Todo es relativo a la edad, si, pero no deja de ser cierto. Cuando uno llega a 2o de Bachillerato, se encuentra tan alejado de los posibles laberintos que encontró en la infancia, y tan metido en la vorágine de sacar buena media (motivación extrínseca) para luego poder hacer la carrera que, sin haber tenido medio minuto de refexión, quiere hacer durante los próximos 4-6 años, que toda decisión que haga va a estar basada en motivaciones extrínsecas. Aquí es cuando comienzan a ponerse serias las cosas.

Este año pasado tuve la oportunidad de hablar con unos cuantos alumnos de 2 Bachillerato del Colegio Estudio justo antes de selectividad, y la situación me resultó bastante preocupante. Lo primero que hice fue preguntarles que qué carrera pretendían estudiar. Lo segundo fue que porqué. Solo uno de ellos me dio una respuesta, a mi parecer, aceptable. El resto estaban claramente motivados para hacer una carrera u otra por las salidas laborales que ofrece dicha carrera, o porque es lo que hace la gente cuando no sabe qué hacer (vease ADE y Derecho), o porque se la han recomendado. Con perdón, pero pura shit. Uno no debe elegir a lo que va a dedicar una vida entera basado en el dinero que vayas a ganar luego, o en que tengas el trabajo más o menos asegurado. Que le jodan a esa linea de pensamiento. No hay forma más rapida y sencilla de garantizarte una vida laboral (y existencial) vacía. De convertirte en un ser que solo recorre el laberinto por la recompensa, y que le da igual lo que tenga que hacer para llegar a la salida (la corrupcion es un claro ejemplo de esto). Luego vienen las crisis existenciales y la falta de motivación. Pero espera que me adelanto.
Yo lo que hago es algo que le debe joder mucho a los padres de estos chavales; les recomiendo que no decidan (si realmente no están preparados para ello), y que se tomen un año sabático. Yo se que a los de antiguas generaciones (a algunos) os parece una calumnia máxima el dejar pasar tooooodo un año, en el que podrías estar formándote, para irte por ahí porque necesitas tener ‘experiencias’, pero vosotros habeis vivido en un mundo en el que si no estudiabas te morías de hambre. Ahora vivimos en un mundo en el que puedes tener 3 doctorados y acabar trabajando en el McDonalds, si tienes suerte. Luego entras en depresión y te suicidas. Y no exagero, muchos sabéis que no lo hago. En general, nos hemos olvidado del tiempo de reflexión, un tiempo en el cual, aunque suene a cliché, nos damos un respiro y podemos vover a entrar en sintonía con nosotros mismos, redescubrir pasiones olvidadas e ir a por ellas. Porque la enorme frutada de no darnos ese tiempo a nosotros mismos y entrar en la rueda (la uni, el master, el trabajo), es que para cuando nos queremos dar cuenta hemos perdido la oportunidad y ya es demasiado tarde. En verdad, no creo que jamás pueda ser demasiado tarde, pero cuanto más tiempo se deja pasar, más valor hace falta para cambiar el rumbo de nuestra vida, más hay en juego, y más se puede ir todo a tomar por culo. Pero, a ver qué creeis que hago yo aquí en medio de la nada francesa sufriendo como un cerdo y pasando tanto tiempo conmigo mismo. Pues reflexionar jostras, que acabo de terminar un master, me ha entrado mucho en la cabeza y de todo ello tengo que ver bien qué me ha hecho tilín y qué no. Hice lo mismo después de estudiar 5 años de Biotec. Cuando todos corrian a meterse a un master o encontrar trabajo como poseidos del demonio, yo me fui a Ghana a comer mangos (entre otras cosas claro). Y tras la experiencia, vi que casi nada de la carrera me había hecho tilín. Un añito de reflexión, alguna que otra experiencia distinta y menos dejarme influenciar por presiones sociales externas, e igual no hubiese estudiado biotec para empezar. Pero como digo, una vez que te metes en algo…
En el mundo laboral ocurre algo parecido, pero la repercusión de nuestras decisiones no nos afecta solo a nosotros, sino a mucha mas gente, y al planeta en el que vivimos. Imaginemos a Pedro. Pedro es un chaval regordete y muy majo, con cara de buen tío. A Pedro es que dan ganas de darle un abrazo siempre porque parece un panda. Que majo es. Bueno, pues Pedro está en la cuspide de su juventud. Veintidós años y una carrera en Empresariales, a la cual se metió por no saber qué hacer con su vida (Nota: Aunque pinte carreras de empresa con esta luz, no quiere despreciarlas de ningún modo, y creo que hay gente que puede estar intrínsecamente motivada para cursarlas, pero por desgracia hay mucho alumno cursandolas por los motivos menos acertados). A Pedro le mola el pan. De toda la vida, de ahí que esté tan feliz siempre. Además de comerlo de maravilla, Pedro hace pan en el horno de su casa. Y lo hace que te licuas de rico, es como un mago del hidrato de carbono. La realidad es que Pedro querría ser panadero, pero en su familia le dicen que se deje de gilipolleces que de eso no se vive, que haga pan como hobbie, y que se meta a trabajar en la empresa familiar (una fábrica de zapatos), que para eso ha estudiado. Ahora, el espacio/tiempo de esta historia se divide en dos.

En el futuro 1, Pedro se ha metido en la empresa, y realiza un trabajo para el cual no siente motivación intrínseca. Cada mañana se levanta para ir a trabajar y lo único que le saca de la cama es pensar que necesita el dinero que le da la empresa para pagar sus gastos, el cole de los niños, y el nuevo horno de pan que tiene en mente. Por tanto, el va a tomar el camino mas fácil en su día a día para garantizarse el salario. Durante su jornada, se le presenta una situación complicada; su proveedor de suelas de zapato les ha subido el precio, porque ahora las fabrica de material reciclado y llevan un nuevo diseño que es más comodo para el que lo calza. Si a Pedro le motivase intrínsecamente el trabajo, su pasión sería ofrecer el mejor servicio a su cliente, ante lo cual estaría dispuesto a perder algo de beneficio (motivación extrínseca) si eso supone que sus clientes van a ser más felices al usar su producto. Pero a Pedro le motiva la recompensa de su trabajo, y esa recompensa es el dinero, de modo que decide buscar a un proveedor que le ofrezca suelas todavía más baratas. A demás, busca que las suelas sean idénticas a las anteriores, y así puede hacer el chanchullo de venderlas a un precio mayor y aumentar lo que se lleva para su bolsillo. Malo para el medio, malo para el cliente, bueno para aumentar la motivacion extrinseca, pero la intrínseca no existe. Pedro no es feliz.

En el futuro 2, Pedro le ha echado un par de pelotas y se ha hecho panadero. Hasta conseguirlo han pasado tres años, durante los cuales ha trabajado esporádicamente y ha intentado montar su propio negocio, pero la industria del pan es muy competitiva y se ha visto en la calle muchas veces. Cada vez que esto ocurría recibía críticas de su familia, pero nada podía detenerle. Como estaba intrínsecamente motivado para hacer pan, pensaba en el pan incluso en la ducha, y de tanto pensar se le ocurrió un nuevo modelo de negocio para vender pan a domicilio, reciente y calentito en la puerta de tu casa. Entre lo rico que estaba su pan, y lo bueno que era su negocio, no tardó nada en montar una empresa estable (y para eso le sirvieron sus estudios 😉 ). Pedro vive feliz, porque a parte de hacer cada dia lo que más le gusta, tiene suficiente dinero para vivir a gusto como un arbusto.
Un dia, a Pedro se le viene encima un problemón: una de sus clientas ha encontrado una cucaracha en la barra de pan. Pedro sabe que debe detener la produccion, informar a los clientes de lo que ha ocurrido, revisar las instalaciones y luego reanudar el servicio, porque donde hay una cucaracha hay 1000. Pero también sabe que eso le va a suponer una perdida considerable de ingresos, y que podría ignorar a la mujer, arriesgarse a perder una clienta pero mantener la producción funcionando. Pedro elige detener la producción, porque lo que le importa más es ofrecer buen pan, y que sus clientes no se lleven mas sustos, no el dinero.

Bueno, voy a ir concretando y acabando ya. Me gustaría que cada uno de los que estais leyendo esto, que a estas alturas de la narración igual no sois ninguno, penséis en cuál de los dos Pedros sois. La forma más facil de saberlo es respondiendo a la siguiente pregunta: ¿Seguirías haciendo tu trabajo aunque no te pagasen nada a final de mes? Si la respuesta es sí, estas intrinsecamente motivado/a. Y mucho, porque en la vida de algo hay que vivir, que no soy idiota. Si la respuesta es no, estas extrínsecamente motivado/a. Lo mismo se aplica a los estudios, salvo que la recompensa no es el dinero sino tu expediente académico o currículum. Yo en este aspecto soy un poco pesimista, y creo que el mundo está lleno de gente a la cual, por desgracia, las personas o las situaciones no les han dado el corage o la oportunidad de ir detrás de sus laberintos personales. Pero también creo que es posible cambiar, y que en un mundo en el cual todos hiciesemos aquello por lo que nos sentimos verdaderamente intrínsecamente motivados, tomariamos decisiones que nos benefician a todos, y no solo a nosotros.
En fin, bucolismos míos jeje 🙂 Son las 00:05. Casi 4 horas en escribir esto. Para que veáis lo lento que escribo.
A descansar!

(No he dormido…)

[ES] ¿Por qué no puedo bailar? (00:36 16/08/2016)

Esta entrada es muy personal. Tanto, que me da miedo plasmar cada uno de mis pensamientos sobre el papel. Por eso no esta publicada en facebook. Lo escribo para mi, porque creo que me ayuda, pero quiero publicarlo porque asi podreis entenderme mejor cuando me comporto extrano ante algunas situaciones.

Tengo panico a bailar. Es como el miedo a hablar en publico, o a cantar, pero peor porque la vida te lo recuerda cada dia, en cada momento en que las personas expresan felicidad. Aquellas personas con las que he salido de fiesta saben que algo raro me pasa, porque no es normal que Pablo desaparezca en mitad de la noche a intervalos de hora u hora y media y no se le pueda encontrar por ningun sitio. No me voy al baño (aunque a veces empiezo por ahi), ni me he quedado ligando con alguna chica bonita (ojala!). Me voy del local, y camino, hasta que deja de haber personas a mi alrededor y el mundo se calla. Hasta que puedo dejar de fingir, y exudo todo el estres y la ansiedad que he acumulado durane la noche (aunque se que tarde o temprano voy a tener que volver y seguir con ‘la funcion’).

Me gustaria explicaros el porqué de esa ansiedad que me produce el baile. Hace poco escuche en algun sitio que no se baila con la razon, se baila con el corazon, con las emociones. Y yo, la mitad de las veces, no se donde tengo las mias. Como ya he comentado en algun lugar de este blog, he desarrollado un mecanismo de defensa muy interesante por el cual reprimo mi lado emocional, y tiro del racional para actuar de forma ‘normal’, o por lo menos para aparentar que no soy un completo deficiente social. Pues cuando ‘toca’ bailar, no siento la musica, ni el ritmo. No siento nada, mas que la necesidad de moverme de cierto modo, que nunca es igual de coordinado que el del resto, que solo imita y con retardo, que no es creativo ni natural, y que no va acompañado de ninguna emocion mas que la del agobio. Incluso borracho soy completamente consciente de cada movimiento, y me critico. En algun lugar de mi cabeza hay un hijo de puta que me destruye, me insulta y me dice que doy pena. Se rie de mi y me humilla. No soy esquizofrenico, es sutil, pero ahi esta. Esa voz, igual que cualquier otra de las voces que resuenan en nuestras cabezas (porque todos las tenemos), no viene de la nada, sino que es un eco lejanos de aquello que alguien me dijo alguna vez.

Cada vez que me desnudo emocionalmente ante alguien, se dispara una señal de alerta en mi. El resultado es que toda mi atencion se focaliza sobre cada una de las pequeñas reacciones que esa o esas personas que me ven (y en mi cabeza, me juzgan) hacen. Y, hagan lo que hagan, se me graba a fuego en la memoria. No se puede estar mas desnudo emocionalmente que cuando se baila de verdad, y eso te hace muy vulnerable. Recuerdo varias situaciones en las que alguien se ha reido de mi al verme bailar, y es muy probable que las haya malinterpretado, exagerado y les haya dado un tono mucho mas negativo del que realmente tuvieron, pero el daño esta hecho y cada vez que me encuentro en una situacion similar, o existe la posibilidad, por muy remota que sea, de que me vaya a encontrar en esa situacion, esas voces vuelven. Me alertan (se podria decir que, en cierto modo, me protegen), y yo salgo corriendo.

El que tiene miedo a hablar en publico, hace lo que sea por evitar esas situaciones, y dependiendo del grado de intensidad del miedo, las medidas que toma pueden ser mas o menos drasticas. Las medidas que yo tomo son muy drasticas. Evito bodas, y tan solo la idea de que me inviten a una me remueve el estomago (que triste joder, con lo bien que se lo pasa la gente). Intento evitar fiestas, y cualquier reunion de amigos en la cual pueda haber musica. A veces ni me entero de este proceso de evasion. Mi cerebro escanea sin pausa mi futuro cercano y busca situaciones en las que pueda acabar estando rodeado de gente que baila, y hace lo que sea por cambiar ese futuro para que no ocurra. Es muy cansado. Mentalmente te destroza. Y hace que desperdicies oportunidades muy buenas de conocer a personas y vivir experiencias unicas.

No me conformo con ser asi. Hay ciertos aspectos de nosotros mismos que no nos gustan, pero que debemos asumir, aprender a amar, y el que no ame esa parte de nosotros, que se joda. Por ejemplo, a mi no me gusta tener unas piernas de pollo, pero ya he visto que por mas bici que haga, mis piernas son de pollo y no me queda otra que aceptarlo. Tambien debo aceptar que no soy la persona mas habil socialmente, y que siempre voy a tener ciertas ‘limitaciones’, sobre todo en grandes grupos, pero que puedo tener muy buenas conversaciones de tu a tu. Luego hay ciertas cosas que uno no puede (o no debe) aceptar, que son las que sabe que podria superar de algun modo, y que esa superacion le quitaria un enorme peso de encima. Yo no se como se supera esto, pero el que la gente me anime a darlo todo rara vez funciona, y a veces lo empeora. Y emborracharme a muerte no es una esrategia sana (ni fisica ni mentalmente). Lo que verdaderamente me da miedo es que alguno de los que leais esto me propongais algo que realmente tenga sentido, porque entonces no me va a quedar otra que intentarlo, y eso es algo que mi cabeza me grita a muerte para que no pase. Pero bueno, ahi lo dejo. Desnudo ante el mundo. Ya sabeis algo mas de mi :).
Gracias por leer y entender.

*Esta entrada la he escrito sobre un banco de piedra que me enfria mucho el culo, detras de una atraccion de estas con caballos que dan vueltas. Un carrusel! Que no me salia jeje Creo que han sido los fuegos artificiales de hace un rato y la gente gritando y disfrutando los que me han hecho querer hablar de este tema. Y con esto si que si, buenas noches!)

[ES] Churros, chichis, y mis elucubaciones bucolicas sobre la monogamia, poligamia y sucedaneos (15:03 10/08/2016)

Os presento mi dia de hoy…
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Que alguien me diga como puede haber algo tan rico como el queso, y que sea legal! No lo entiendo, ni lo comprendo. Son las maravillas de la vida. Espero que las disfruteis tanto como yo (pero siempre con moderacion!).
En fin, el tema de hoy es cuanto menos interesante, pero tambien polemico, medio tabu y algo dificil de abordar. Aun asi, quiero hablar de ello, porque (1) no me gusta seguir normas cuyo porqué no me he planteado nunca, (2) porque llevo bastante tiempo investigando y leyendo sobre ello, (3) porque me interesan las relaciones humanas, y (4) porque a todos os interesan los temas oscuros, que lo se yo ;). Al tio de la foto le interesa tanto el tema que ha llamado asi a su kiosko. Me pregunto si los vende en formol o congelados…

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Antes de empezar mi verborrea macarronica, AVISO! Si tratas de abordar este tema con tu pareja, y sobre todo si lo haces de forma equivocada, es probable que cause la impresion de que eres un listo/a, un cerdo/a, un faker bien gordo, o peor de todo, que tu pareja no te importa. Y si al final este tema es motivo de que tu relacion se vaya a tomar por culillo, lo siento, pero no es mi culpa. Vaya por delante que no estoy en contra de la monogamia (ni de la poli), solo trato de explorar el sin fin de variaciones/formulas que pueden existir a la hora de relacionarse de forma intima, y de ahi entender las ansiedades, miedos e incomodidades que parecen ser inherentes a las relaciones de pareja.

Pues bien, vamos al kit de la cuestion: Que es la monogamia? Se entiende por monogamia la relacion entre un solo mono y sus gametos. El mono puede ser de cualquier tamaño, pero los nano-monos son mejores. No. Estrictamente, se puede definir monogamia como un matrimonio cerrado entre dos personas. Yo prefiero mi propia definicion, segun la cual la monogamia es un tipo de relacion interpersonal en la cual un individuo mantiene relaciones intimas/sexuales/amorosas unica y exclusivamente con otro individuo, ya sea del mismo sexo u opuesto. Por lo general, una relacion monogama se entiende que lo sera de por vida, o hasta que la relacion termina. La poligamia, por otro lado, es un tipo de relacion interpersonal en la cual un individuo mantiene relaciones intimas/sexuales/amorosas con dos o mas individuos distintos (del mismo o distinto sexo) con consentimiento por todas aquellas partes implicadas. Hago especial enfasis en la parte del consentimiento porque no hay poligamia si en una relacion de pareja, uno de los miembros se lo pasa bien con otros/as, pero el otro miembro no lo sabe (ni por tanto ha dado su consentimiento).

Pero (mi profe de Lengua me decia que nunca empezase una frase con pero, pero lo voy a hacer igualmente porque me gusta la adrenalina) la monogamia/poligamia no son blanco o negro. No es una cosa u otra, sino que existen variaciones, o si quereis, un delicado degradado entre ese negro intenso (que es la poligamia, porque se tiene una vision bastante impura de ello) y el blanco puro (viva la virgen santa purisima, no me toques que me quedo encinta!). Uno de esos tonos del degradado viene a llamarse monogamish, que es una practica que hacen algunas parejas en la cual juegan con la ilusion mental de meter a una tercera persona entre las sabanas, a modo de fantasia (ya sea de uno, otro o ambos). Esa tercera persona suele ser alguien que la pareja ha visto o conocido, y que a alguno de los dos le atrae de forma especial. La clave es que nunca se pasa del plano imaginario; de ahi que se mantenga el prefijo ‘mono‘, pero que se añada ‘ish‘, que denota que es una variacion ligera de la monogamia en su forma estricta. Se juega con esa ilusion porque ayuda a mantener la relacion al rojo vivo, libera tensiones y permite que la pareja comparta de forma liberadora las atracciones fisicas que sienten por otros. Es imporante entender que en las parejas monogamish, ambos miembros estan comodos en la relacion imaginando a un tercer chico/chica porque comprenden que el que uno encuentre atractivas a otras personas no quiere decir que le guste menos o quiera menos al otro miembro de la pareja. Esto parece una tonteria, pero no es facil de conseguir y requiere un elevado grado de seguridad en si mismo, y de sinceridad con el otro/a.

Como esta practica hay muchas otras: intercambio de pareja, solo mantener relaciones con otra persona un maximo de 1 vez al mes, o con quien eliga la pareja, o nunca uno con mas personas que el otro, etc etc. La clave aqui es que existen tantas variantes como personas y parejas hay sobre la tierra, ya que cada uno tiene ciertos limites muy distintos que no esta dispuesto a sobrepasar, o al menos no de forma brusca, y esa combinacion de limites por ambas partes de la pareja dan formulas unicas que no pueden, ni deben, ser juzgadas como menos valiosas o correctas que otras.

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En nuestra sociedad de hoy en dia tendemos a simplificar las cosas demasiado. O eres del PP, o eres del PSOE, o eres homosexual o hetero; o comes carne, o no la comes en absoluto (vegetariano/vegano). Las marcas de identidad nos gustan mucho porque nos hacen la vida mas sencilla, nos permiten estereotipar perfiles y reaccionar a ellos sin tener que rallarnos demasiado la cabeza. Somos reyes de la eficiencia. Pero acaso no hay terminos medios? Acaso no te pueden gustar ciertas lineas de pensamiento de algun partido politico sin que sea el tuyo? O es que todo tiene que ser como en el futbol, que si eres del Madrid todo lo que haga el Atleti es siempre una mierda, y viceversa? No debemos limitarnos a tener un pensamiento binario. Nuestro raciocinio da para mucho mas.

Sabiais que la monogamia surgio como forma de aclarar el numero de bocas que habia que alimentar? Paraos a pensar un momento y retroceded en el tiempo a cuando los humanos dejaron de ser nomadas y comenzaron a tener posesiones materiales, a cultivar y a trabajar (sus propias) tierras (hace aproximadamente 10.000 años). Por aquel entonces me imagino que pasaba como hoy en dia; que hay unos mas vagos que otros. Y que ocurria? Pues lo normal, que al hombre que salia de caza o recolecta o labranza no le gustaba estar alimentando a sus hijos, mas los 8 hijos del vago 1 y los 5 del vago 2. De modo que, como ha hecho el hombre con frecuencia a lo largo de la historia, este comenzo a marcar territorio. Para ello, comenzo a demarcarse muy bien los limites de cada hombre, que no queria alimentar mas que a sus hijos de sangre y a su mujer. Esta demarcacion (monogamia) acabo formalizandose mediante el matrimonio.

La monogamia, por tanto, no surge de una necesidad biologica del ser humano (la monogamia no existe en la naturaleza mas que en un numero contadisimo de casos – de los cuales solo recuerdo uno), sino de una necesidad ‘cultural’, un acuerdo que hacia mas facil la convivencia; al fin y al cabo, un acuerdo sobre ‘posesiones’ (como si se pudiese poseer a un humano, pero en fin, menuda Historia nos precede). Es curioso que, a dia de hoy, aun haya muchas parejas que decidan casarse porque les facilita el papeleo. Las cosas no han cambiado tanto.

El tema de la religion, la monogamia y el matrimonio es bastante critico para este analisis tambien, y pese a que sea un negado para las religiones (lo admito, creia que Jesus y Moises eran el mismo, y que la gente iba a misa porque la hostia estaba muy rica), no puedo dejarlo de lado. Sin meterme mucho en ello, creo que esta bastante claro que las religiones han impuesto una fuerte connotacion moral al tema del matrimonio y la monogamia, de tal modo que toda persona de bien debe encontrar a un buen marido/mujer, y que cualquier salida de las estrictas lineas del matrimonio monogamico es claro motivo de calumnia y pecado. Aqui se juega mucho con el sentimiento de culpa, como veis. Quiero trazar aqui de forma agil y veloz un estrecho vinculo entre la religion y Disney. Disney nos ha jodido a todos. Por lo menos, a todos los de mi generacion. Por que lo digo? Pues porque Disney ha creado (o ha fortalecido) esa necesidad de encontrar a alguien perfecto. Si eres mujer, has crecido pensando que necesitas que aparezca de la nada un caballero mazao y rubio que te salve del dragon/bruja/rey psicotico/ama de casa esclavista que te tiene presa. Si eres tio… te han puesto el liston muy pero que muy jodidamente alto! Jajaja

La verdad es que ni las mujeres (ni los hombres) necesitamos que nadie venga y nos salve (aunque un empujon seguido de un achuchon siempre se agradece), ni nosotros podemos ser ese todo que esperais. Aqui matizo: no es que vosotras necesariamente espereis el todo de nosotros, sino que nosotros en nuestra cabeza sentimos la presion de serlo todo, sin que nadie tenga que decir nada. Hablo por mi y los que piensan como yo. Y aqui viene una cuestion importante, probablemente la mas importante de toda la discusion: ¿es acaso realista esperar que una sola persona pueda ser nuestro mejor amigo/a, el/la amante que satisfaga todos nuestros deseos oscuros (ahora y hasta el infinito), nuestro mejor companero/a de viajes y la persona a la que le contamos todos los secretos de este mundo? La idea suena fantastica, no me malinterpreteis, pero que se espere algo tan unico de una sola persona es mucha, mucha presion. Y me parece que, por lo general, nos predispone a la decepcion. Eso, como es logico, acaba haciendo mella.

Aqui necesito introducir un fragmente de un libro maravilloso llamado Instrumental de James Rhodes, porque no se lo habia oido expresar a nadie con esta claridad antes. Es largo, pero de verdad que merece la pena…
“Odio la expresion <<tener un flechazo>>. Es una gilipollez. no recibes ningun flechazo; diciendo eso parece que vas a acabar herido y medio muerto. En la actualidad todo tiene que ser inmediato, enorme, mucho mas intenso, rapido, salvaje y brillante que antes. Antes, la serie Inspector Morse  era trepidante y te mantenia en vilo. Hoy nadie que no este chalado se atreveria a encargar un programa de television generalista con titulos de credito que duran mas de siete segundos. Por eso, en el amor de la actualidad no hay un cortejo, citas, semanas para conoceros mejor, ir de viaje juntos y, con el paso del tiempo, acabar dandoos cuenta de que estais profundamente enamorados. La cosa tiene que ser como en el cine: vuestras miradas se cruzan (o ves el avatar de Twitter de la otra persona), intercambiais un par de palabras, mensajes de texto, correos electronicos y hala, ya os habeis enamorado. De forma apresurada, inmediata, explosiva, excitante. Se lo cuentas a todos tus amigos, no dejas de publicarlo en Facebook y te comportas como si estuvieras como una puta cabra. Es una historia de Disney bajo los efectos del crack, y resulta peligrosa, joder. Algo asi no puede sostenerse, nunca puede haber verdad en ello. No es mas que una adiccion en la que los compuestos quimicos del cerebro te van colocando cada vez mas, antes del bajon inevitable. Pero todos seguimos el juego porque asi son las cosas en el cine, en la tele y en la prensa, y es algo atractivo e inmediato y nos pone cachondos. 

La verdad es que mi matrimonio fue un ensayo general antes de que llegara lo autentico. Y llego, a un precio extraordinario. A pesar de no ser una persona solida desde el primer dia, de ser un retrasado emocional cuando Jane y yo nos conocimos, me parecio que habia encontrado el amor. Aunque viendolo desde el presente, es posible que en realidad solo me hubiera dejado atrapar por la fantasia de lo que es el amor, ignorando la realidad, creyendome todas esas chorradas inventadas de las aventuras romanticas. Hoy prefiero mucho mas la idea de compartir un camino con alguien que amas, en vez de sentir ese flechazo. Prefiero tener los ojos bien abiertos, sin que me los tape el cinismo o me los cierre el miedo, para buscar y ofrecer atributos que hasta ahora no me habian parecido especialmente importantes: la bondad, la compasion, la profundidad, la paciencia, etcetera.

Se que puedo ser feliz durante el resto de mi vida con la mujer con la que estoy ahora. Lo se a un nivel celular. Tambien se que los hombres siempre queremos marcharnos, es un reflejo condicionado. De modo que siempre nos cuestionamos las cosas, normalmente en nuestro fuero interno; a veces se lo contamos a nuestros amigos, y pocas veces, y de la forma mas tonta, a nuestras parejas. Esta esa vocecilla que siempre piensa que hay una persona mas mona, mas fuerte emocionalmente, mas cerda en la cama, mas independiente, que huela mejor, que mole mas y yo que cono mas se. Igual que un iPhone nuevo da la sensacion de haberse quedado obsoleto al cabo de tres meses. El televisor, despues de cinco anos. El traje, el empleo, el coche, la casa. Todo tiene que mejorar continuamente, y si nos percatamos de que nuestra mujer no va a romper las leyes de la biologia y de la fisica, que no va a convertirse en una persona mas guapa, de lineas mas depuradas, mas veloz, mas nueva, de modelo mas reciente, nos da algo. Y entonces buscamos amantes, empezamos a beber, provocamos peleas…   

Esto se llama wordporn. Pues eso, un gran tio, y de lo mas honesto.

Hace poco aprendi que no existen sentimientos buenos ni malos; los sentimientos son solo informativos. Esta frase me cambio la vida. Si un sentimiento no es malo ni bueno, quiere decir que no se puede someter a juicio moral, y que por tanto se puede (y se debe) expresar libremente, para asi reaccionar de forma acorde y volver a un estado emocional equilibrado. Por mucho que se diga en las peliculas (y en las frutas canciones Pop) que una vez que encuentras a tu ‘alma gemela’ (bhuaj!), solo tienes ojos para esa persona y el resto del mundo desaparece en un sinfin de burbujas de espuma multicolor, no me lo termino de creer. Tal vez al principio, pero me parece imposible dejar de apreciar arte porque te hayas enamorado del Guernica. Te puede parecer el cuadro mas especial, y veras otros y nunca seran lo mismo ni te gustaran de forma tan intensa, pero anda que no hay otros cuadros que molan mucho tambien! ¿Acaso es eso algo malo? Igual que no creo que solo haya espacio en nuestro corazon para querer de forma romantica a una sola persona, como si tener un segundo hijo fuese a hacer que quieras menos al primero, como si tuviesemos 100 puntos de amor y esos se van gastando a medida que los das, hasta que te quedas vacio (si esa persona se los lleva luego consigo). No puede ser. El amor es expansivo, y de forma exponencial. Cuanto mas das, mas tienes dentro. Otra cosa muy distinta es que nos acojone hasta lo mas profundo del alma perder a alguien, dejar de ser importantes para una persona, o que venga otro tipo/tipa y le guste mas que nosotros.

Mi conclusion es que la monogamia y la poligamia son solo etiquetas, pero el comportamiento y los deseos humanos no se pueden encasillar en lineas tan estrictas. Es importante liberarse de las presiones culturales que nos vienen impuestas y, se eliga lo que se eliga, hacerlo desde una posicion sobre la que se ha reflexionado y se ha sido honesto con el ‘yo’ emocional de uno mismo (esto me lo tengo que repetir a mi mismo bastante jeje). Pues eso, ahi lo dejo. Espero haberos hecho pensar, y recordad… Echar pinchitos alarga la vida, y el pensamiento critico la enriquece!